Comienza bien, con un buen prólogo y hasta la primera media hora la acción se sostiene gracias a un montaje ágil. Sin embargo, poco después comienzan las incoherencias, tomaduras de pelo (la forma en que le sacan la bala y él mismo se cura, hasta ese momento, las heridas…), y los diálogos se tornan ridículos.
Todo es un sinsentido y se deriva hacia unos planteamientos peligrosos hasta en su fondo, a pesar de que se arrojen presuntas puyas a actuaciones incorrectas del Gobierno de Los Estados Unidos, como cuando se dice que “sí, es verdad, como que había armas de destrucción masiva en Irak…”.
Pero al final se descubre que, cuando la Ley falla, por su ordenamiento Jurídico, hay que hacer la justicia por la propia mano, justicia que deriva hacia el asesinato, aunque sea de los malos malosos de la función. Algo asqueroso que indica bien a las claras las verdaderas intenciones que alberga el filme.
Artero y pendencioso a más no poder, aunque narrado con eficacia por Fuqua, cuya carrera cinematográfica va a gran velocidad a tierra de video club, si no se anda con cuidado.
En fin, que se puede pasar el rato viendo esta chorrada donde los buenos no fallan un solo tiro y a ellos ya les pueden tirar hasta con misiles, que casi ni se inmutan, pero es tendenciosa y finaliza de forma más bien vergonzante, con un epílogo de juzgado de guardia.
Lo mejor: Los primeros veinte minutos.
Lo peor: Sus dos últimos tercios.
