Uno de los míticos títulos del cine de ciencia ficción de todos los tiempos, descubierto en la televisión gracias a Chicho Ibáñez Serrador, un amante de este tipo de filmes.
Ha entrado por derecho propio en la historia del cine por su sabia exposición de horror cotidiano en la vida de una persona por el simple hecho de verse menguado su tamaño en relación con los objetos que diariamente nos rodean, como el teléfono, una casa de muñecas, y con los animales, tales como un gato que pasa de ser una mascota a querere comerte.
Excelentes efectos especiales a cargo de Richard Matheson, autor de la novela.
Lo mejor: Su metafísico final.
Lo peor: No se me ocurre nada.
