Esta que nos ocupa está magníficamente dirigida e interpretada.
Alec Guinnes está soberbio, el filme posee una puesta en escena maravillosa, muy buen empleo del Cinemascope, con una fotografía en blanco y negro preciosa. Finísimo humor inglés que resulta embriagador, y unos diálogos acerados y doble filo.
En suma, una película donde uno/a está en todo momento con una sonrisa en la boca, cuando no con la carcajada agradecida. Si se tiene la oportunidad de ver esta pequeña obra maestra, perdérsela será una pésima idea.
Lo mejor: Su finísimo, pero comprensible humor inglés y la soberbia interpretación de Alec Guinnes.
Lo peor: Que prácticamente la única oportunidad de ver esta joyita sea verla en una filmoteca o Festival de cine (donde la vi yo, en el Festival de Donostia hace pocos años).
