Pero en el caso de El Último Show, a pesar de que la traducción hace perfecta referencia a la historia que narra la cinta, hay que reconocer que es un detalle de mal gusto titular así a la obra póstuma de Robert Altman. El film cuenta los problemas a que se enfrentan los miembros de un veterano programa radiofónico cuando se conoce la noticia del cierre de la emisora. Todos aparecen contando sus glorias de antaño y sus miserias, pasadas, presentes y futuras. Ese es el principal sustento de El Último Show, porque el argumento inicial no ofrece muchas alternativas. Sin embargo, el retrato de los personajes (algunos absurdos y desdibujados, por cierto) es distante y frío, carente de emociones. Al tratarse de una cinta humana, el principal defecto de la misma es que nunca llega a conectar con el espectador, no le hace partícipe del sufrimiento y esperanzas de sus personajes, sino más bien le deja indiferente ante lo que transcurre en la pantalla. Los actores son lo mejor de El Último Show, entre los que destaca la gran Meryl Streep en una nueva pirueta interpretativa. También sirve para comprobar que la estrella del cine adolescente y la prensa sensacionalista Lindsay Lohan puede aspirar a convertirse en una actriz de pleno derecho si continúa la trayectoria que comenzó con Bobby y siguió con este trabajo.
El Último Show es una película vulgar, del montón, que se basa en la fallida premisa del retrato de unos personajes igualmente fallidos, y cuyo único atractivo es el trabajo interpretativo. El punto final de la carrera de Robert Altman no será especialmente recordado, en una trayectoria de por sí llena de profundos altibajos, y alguna pequeña joya como Gosford Park.
Lo mejor: El trabajo de todos los actores, entre los que destaca el de Meryl Streep.
Lo peor: La traducción del título.
