Notable ambientación, buen hacer detrás y ante las cámaras, pero una historia soporífera que sólo puede atraer el interés de apasionados de la música ‘country’ o ‘bluegrass’, incondicionales y estudiosos del cine de Altman o nostálgicos de la nostalg

★★☆☆☆ Mediocre

El último show

Ignorada por la crítica, público y premios, la obra póstuma del recientemente desaparecido Robert Altman es una mirada entrañable y nostálgica al último día en la vida de un programa de radio, “A prairie home companion”, que se emite en directo desde el teatro Fitzgerald de Minnesota, antes que el edificio sea derribado para construir aparcamientos.

Dos últimos momentos, el de Altman como cineasta, y el de un espacio entre las ondas radiofónicas, se enlazan casi por los caprichos del destino. Pero la visión del realizador de “Vidas cruzadas” no pretende empañarse de lágrimas y tristeza, sinó ensalzar unos personajes, que pese a la carencia de popularidad o triunfo artísico y económico, jamás dejarán de ser libres, ni aunque les arrebaten ese reducido espacio propio.

Sinónimo de protagonismo coral, estrellas como Michelle Pfeiffer, George Clooney, o el cantante Tom Waits (que había participado en “Vidas cruzadas”), no pudieron o no quisieron en esta ocasión entrar en el proyecto. En cambio, otros conocidos como Meryl Streep, Lindsay Lohan, Tommy Lee Jones, Lily Tomlin, Kevin Kline, Woody Harrelson o Garrison Keillor (el presentador real que tuvo ese programa), sí.

Y uno de los atractivos de la película es verles y oirles cantar, sobre todo, temas ‘country’, o como sus personajes improvisan o repiten al ritmo de la melodía, los eslóganes publicitarios de las marcas patrocinadoras. Pero, a pesar del buen clima que se respita entre el elenco artístico, la chispa es muy particular y raramente logra traspasar la pantalla para contagiarla al espectador.
Un claro ejemplo es el personaje de Kevin Kline, llamado Guy ‘Noir’ y un prototipo de dedective típico del cine negro que interviene como observador cercano a lo que está sucediendo, además de una especie de narrador, con intervenciones que contienen chistes o reflexiones que no destacan precisamente ni por su gracia ni ingenio.

Desde la primera imagen del film, la del cielo de ese medio oeste estadounidense, donde pueden sintonizarse distintos programas de radio que hablan del precio de la carne de cerdo, sobre como saben mejor los fideos o de cómo salvar el alma, en pocas ocasiones se manifiesta el interés. Sólo la escena en que el duo compuesto por Dusty (Woody Harrelson) y Lefty (John C. Reilly, uno de los mejores secundarios del cine actual), cuentan y cantan “chistes malos” consigue animar algo la función.

Así como la presencia curiosa, y en sintonía con el dedective privado que encarna Kline, de una ‘femme fatale’ con las sensuales formas de Virginia Madsen. Un ángel rubio y vestido con una impecable gabardina blanca que se erige en la metáfora del paso del tiempo y la muerte. Dos cuestiones en las que resulta fácil ver como aguijoneaban también a Altman, y que sin embargo éste retrata con benevolencia e incluso belleza.

Notable ambientación, buen hacer detrás y ante las cámaras, pero una historia soporífera que sólo puede atraer el interés de apasionados de la música ‘country’ o ‘bluegrass’, incondicionales y estudiosos del cine de Altman o nostálgicos de la nostalgia.
publicado por Carles el 29 marzo, 2007

Enviar comentario

Leer más opiniones sobre

muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.