Cinta maniquea y mil veces vista

★★☆☆☆ Mediocre

Cinderella Man

Cinderella Man es como comerse un Whopper con queso. Uno sabe exactamente lo que se va a comer. A que sabrá el pan, la carne, y todos los ingredientes prefabricados. Uno sabe a lo que va a saber cada mordisco.

Nos encontramos con una película que respeta paso a paso y con academicismo el a,b,c del cine de Hollywood. No hay un solo momento que sorprenda realmente ni que se escape de los parámetros meramente standard. Un malo, muy malo, un bueno muy bueno que representará y portará el supuesto espíritu de lucha requerido para encarnar una vez más a un luchador inagotable por conseguir el sueño americano.

Los ingredientes no van incluidos ni mezclados con la intención de innovar ni agradar directamente al público más curtido o exigente, sino a cubrir las expectativas deseadas por aquellos que deciden en definitiva el reparto de los Oscars. Se repite así la formula de “Seabiscuit” (Repitiendo y copiando así sus virtudes y defectos), pero esta vez sin carrera de caballos y con el escenario de la gran depresión económica americana. Boxeo como tema principal a lo “Rocky” y “One Millon Dollar Baby”, donde se vuelve a juntar al director y al protagonista de “Una mente maravillosa”.

No es que no me gusten los Whopper con queso, al reves, pero es que me los puedo comer con tanto gusto como con tanto aburrimiento y el placer dura única y vagamente hasta el cuarto mordisco. Russel Crowe actúa muy bien, sin salirse tampoco de lo que nos tiene acostumbrados, que ya es bastante. Muy destacable la escena en la que, descendiendo a los infiernos, tiene que ir a mendigar a la Federación de la que, en mejores épocas, había formado parte siendo un boxeador reconocido.

Aunque de Russel Crowe no me puedo quitar de la cabeza una película antigua suya que os recomiendo y en donde esta realmente increíble, “Romper Stomper” (1992). Renée Zellweger, pues, en fin, con su carita de siempre y ese labio tan retorcidito. Ella hace también más o menos lo que nos tiene acostumbrados, aunque no es Santo de mi devoción y creo, además, que la pareja no llega a funcionar del todo.Me gustó mucho Paul Giamatti, que borda su histriónico papel secundario.

La ambientación, por otro lado, esta muy lograda, como es de esperar de una producción millonaria de la Universal. Aunque uno no termina de creerse del todo algunos excesos dramáticos y nos encontramos con situaciones y diálogos dulzones y envueltos en clichés de esos que tan solo los americanos se permiten hacer una y otra vez.

Ron Howard, quien suele empacharnos en sus películas con dulce de leche con extra de azúcar añadida y nata, realiza aquí una buena dirección y consigue una película más que correcta sobre valentía y superación, con algunos momentos de gran cine. Las escenas de boxeo son realmente emocionantes, aun ya sabiendo siempre cual será el resultado. Ya sabeís, un poco como divertirse jugando uno solo al Monopoli.


publicado por Iván Sainz Pardo el 11 octubre, 2005

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