Si tienes problemas de insomnio acude a tu médico para que te la recete

★★☆☆☆ Mediocre

Oliver Twist

Nueva e innecesaria adaptación al cine de la afamada novela de Dickens. Ya lo hizo en su día, entre otros, David Lean y ahora le toca el turno a Roman Polanski. Lo cierto es que el bueno de Roman no tiene nada nuevo que ofrecernos, y la obra de David se la come en casi todos los aspectos.

La película, en líneas generales, es decepcionante. Aquí no queda ni rastro de aquél primer Polanski que asombró con obras de la talla de “El Quimérico Inquilino” o “El Baile de los Vampiros”. Ni siquiera podemos vislumbrar algún detalle que nos recuerde a la oscarizada “El Pianista”.
“Oliver Twist” destaca por ser, simplemente, uno de los films menores del realizador.

La adaptación es realmente fiel, y el aspecto formal y técnico es, sin duda, intachable. La fotografía, en un inicio preciosista y luego tétrica, es de un gran nivel. Así como la ambientación, los decorados, el montaje, el vestuario y la música. No hay nada que objetar al respecto. Pero el problema viene a la hora de afrontar la historia y el modo de contarla. La narración resulta excesivamente reiterativa, fría y aséptica. La historia da la sensación de contarse de un modo absurdo y casi irrisorio, sin nada que nos llame la atención y con una carencia de garra demasiado evidente. No hay nada que nos haga partícipes de la historia de Oliver Twist, y cualquier esfuerzo por conmover se queda en el intento.

Lo cierto es que, debido al recuerdo que nos ofrece el libro, vemos que Oliver es un niño (uno de tantos) inmerso en la pobreza y que tiene que hacer frente a la hipocresía de la riqueza del Londres de aquélla época. Un niño al que obligan a robar contra su propia voluntad, por pura necesidad. Pero también un niño que vive en sus propias carnes la traición, la confianza en la amistad y el perdón. Un perdón que él, a pesar de todo, ofrecerá. Y ahí es donde nos despertamos. Solamente hay una escena que destaca, que es capaz de sacarnos del más absoluto sopor, y, curiosamente, dicha escena coincide con el final de la película. Muy significativo.

En el reparto… una de cal y otra de arena. Ben Kingsley deslumbra, pero Barney Clark, el niño que da vida a Oliver, permanece durante la mayoría del metraje demasiado acartonado. No ayuda, precisamente, a transmitir y, por tanto, a acercarnos a su situación.

La película va sobre seguro, no arriesga nada, y, por ello, realiza bien su cometido. Pero, por ser excesivamente correcta, no destaca en absoluto. Todo es demasiado tópico, previsible, plano y anodino.

En definitiva, Polanski no cumple las expectativas y decepciona. Crea una obra irrelevante que nada tiene que hacer con otras adaptaciones, como la ya citada de David Lean o el musical de Reed, ni con otras películas de su propia filmografía.

No creo que nadie pierda el sueño si se queda sin verla. Es más, si alguien tiene problemas de insomnio, que acuda a su médico para que se la recete.
Lo mejor: La adaptación realmente fiel, y aspecto formal y técnico es intachable.
Lo peor: La narración resulta excesivamente reiterativa, fría y aséptica.
publicado por Iñigo el 7 febrero, 2006

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