Lección cívica, digna de ser exhibida en las facultades

★★★★☆ Muy Buena

Buenas noches y buena suerte

Es increíble (y deprimente) que una historia que ocurrió hace 50 años pueda ser tan actual como la narrada en “Buenas noches y Buena suerte”. El clima conspiratorio que existe hoy en parte de la sociedad norteamericana no es muy diferente de aquel provocado por Joseph McCarthy durante la década de los cincuenta-la diferencia es que no es una historia inventada, si en aquella época los que cuestionaban al temido senador eran tachados de “comunistas”, hoy los críticos de Bush y su cohorte son cuestionados en cuando al “patriotismo” que puedan sentir o, en casos extremos, clasificados
como simpatizantes del terrorismo.

Lo que falta hoy, por lo tanto, es que alguien ocupe el lugar de Edward R. Murrow, legendario buque insignia de la CBS, y que en su programa “See it now” se mostró esencial, con sus críticas y reportajes, para el hundimiento de McCarthy. En vez de eso, el gremio periodístico (inclusive el español) viene siendo dominado por figuras cobardes y sin ética, cuya búsqueda de la verdad se diluyó en el tiempo a favor de intereses corporativos y políticos: por lo tanto, la figura de Murrow, con su coraje, su ética y su trayectoria, es una verdadera clase de periodismo (Buenas noches y buena suerte debería ser exhibida en las facultades solamente por el espléndido discurso hecho
por el “personaje” en el comienzo y la conclusión de la película).

Ambientada en un periodo de tiempo relativamente corto, de octubre de 1953 a mayo del 54(con excepción del ya citado discurso, que ocurre en el 58) el guión escrito por George Clooney y Grant Heslow nos muestra a Murrow y a su equipo en el auge del McCarthysmo, cuando el clima de paranoia fomentado por el senador lleva a las fuerzas de aviación norteamericanas a expulsar a un teniente en función de denuncias anónimas relacionadas con el padre del militar (algo que da origen a un episodio de “See it Now”, dedicado al caso).

A partir de aquí, Murrow y su productor Fred Friendly, inician una búsqueda que darían lugar a un programa en el cual usan las palabras de McCarthy contra el. Volviendo a la silla de director después de su buenísima “Confesiones de una mente peligrosa”, Clooney se muestra mas bien contenido en esta ocasión, evitando movimientos de cámara rebuscados y concentrándose más en los diálogos y en el clima de tensión inspirado por el choque entre dos grandes fuerzas: los medios de comunicación y la política. Esforzándose al máximo para rescatar el gusto visual y la mentalidad de la época, el director utiliza piezas publicitarias producidas en la década de los cincuenta e incluye pequeños interludios a lo largo de la narrativa en los cuales Diane Reeves surge cantando clásicos de jazz que dotan al filme de un tono nostálgico. Las participaciones de Reeves representan las únicas intervenciones musicales en la cinta, ya que Clooney- siguiendo una tendencia cada vez mayor entre los cineastas contemporáneos- descarta la utilización de banda sonora. La fotografía, en blanco y negro obra de Robert Elswit, usa las sombras de una manera soberbia, adoptando un tono realista y destacando que, en toda la película, solo hay un plano en exteriores, resaltando ese tono oscuro en el que refleja como se está desarrollando una batalla dentro de los edificios.

Clooney como actor, también hace un buen trabajo al orquestar las actuaciones: en medio de un reparto muy competente, Frank Langella merece una especial mención por dar vida a William S. Palley, presidente de la CBS, y que es retratado como un hombre dividido por sus obligaciones corporativas y su compromiso con la ética periodística. También nos encontramos a Ray Wise, que encarna al trágico Don Hollembeck con simpatía y sufrida dignidad, a la vez que Robert Downey Jr y Patricia Clarkson nos enseñan los problemas de una pareja que debe esconder su unión a los jefes, que prohibían el matrimonio entre trabajadores.

Finalmente, el propio Clooney, con su carisma habitual, establece un aire de complicidad importante entre su Fred Friendly y Edward Murrow, interpretado por David Strathairn. Este último, como no podría ser de otra manera, representa el centro absoluto de la película: periodista famoso y prestigioso, jamás se acomoda en el status que tiene, buscando, en lugar de mantener dicho status, nuevas batallas que hagan justa la influencia que sabe ejercer sobre el público. Con un aire siempre formal delante de las cámaras, el periodista intenta presentar una fachada firme y segura, aunque la película ganaría más dimensión si tuviésemos acceso a otras facetas del periodista, como su vida familiar, o su muy conocida atracción por el peligro, que frecuentemente demostraba en arriesgados reportajes durante la Segunda Guerra Mundial.

Consciente de la importancia de este proyecto, George Clooney usa a Murrow como un símbolo de las virtudes periodísticas: después del programa en el que desenmascaran a McCarthy, sentimos como esos hombres dormirán con orgullo por la noche. En la actualidad, lo que tenemos hoy es una programación cada vez más volcada con lo vacío y lo superficial. La televisión se ha vuelto, como predijo Murrow en algo banal, desperdiciando su potencial informativo en pro del entretenimiento, la mayoría de las veces, vacío y descartable, volviéndose un arma para los gobernantes que quieren mantener a la población distraída en un constante vacío de informaciones.

Buenas noches y buena suerte es más que un filme interesante y eficiente: es
una lección cívica como aquellas que el propio Murrow se encargaba de impartir en su programa.
Lo mejor: Una lección cívica. Un filme interesante y eficiente.
Lo peor: ¿?
publicado por Caty el 10 febrero, 2006

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