OK, el film pretendía ser una denuncia de que la barbarie sólo genera más barbarie y más barbarie y más al infinitum. Eso, en medio de tanta confusión, se llega a lograr… En este caso se cuenta la historia a partir del asesinato de once atletas israelíes-judíos en las Olimpiadas de Munich en 1972, a cargo de once árabes-palestinos, pertenecientes a la organización Septiembre Negro, que pretendían “marcar una posición” política. Lo cierto es que yo misma no sé desde cuando empezó esta rivalidad entre etnias diferentes (?), pero si sé que no tiene cuando acabar. Y en resumen, ese era el mensaje principal de la película, que bien pudo habernos ahorrado unas cuantas muertes y minutos.
La película plantea varios dilemas morales para el protagonista israelí, Avner (Eric Bana, El Increíble Hulk, 2003): ¿se debe a su familia o a su patria? ¿héroe o asesino? ¿justicia o venganza? Y las opciones que toma lo condenan para siempre, pues por siempre vivirán en él los recuerdos de tanta violencia a pesar de que al inicio de la película era básicamente un hombre promedio: amable, dedicado a su familia y con una profesión “aburrida”. Extrañamente lo escogen para dirigir un grupo anti-terrorista secreto, compuesto por una serie de personajes tan inexpertos en el “arte” de matar como él. ¿Quiénes son finalmente los verdaderos terroristas?
A esta servidora no le gustó Munich, sin embargo, podrían mis gustos estar muy errados, ya que la Academia le ha otorgado cinco nominaciones:
Creo que mi carrera de revisión rumbo al Oscar no está siendo muy promisoria. Generalmente la Academia y yo solemos estar bastante de acuerdo, pero este año lo visto hasta el momento… Seguiremos viendo…
