Los actores hacen buenamente lo que pueden con un guión plano, tedioso y predecible. David Strathairm posa muy serio todo el tiempo, con la sobriedad suficiente. Clooney aparece muy elegante, muy correctito y nada más. Y la historia entre Robert Downey Jr y Patricia Clarkson pasa tan desapercibida, que no llega a otra cosa que a resultar absurda. Los actores fuman, eso sí, mucho, que ya se sabe que en el cine clásico de Bogart ya quedaba muy bien y además, para tratar de ir aún más a la contra, que mejor que exaltar el consumo del tabaco en una sociedad en la que actualmente se apunta a dejar el hábito.
La televisión puede ser un instrumento para educar o para evadir. La televisión es manipulable. Ya, si, ¿y qué? Pues eso, nada más. Ni un atreverse a retratar realmente la caza de brujas, ni la era Mc Carthy, ni arriesgarse a abordar una critica sincera, seria o interesante sobre nada de nada. “Buenas noches y buena suerte” es un pestiño espectacular. El que se sentaba en el cine a mi lado, tras los veinte primeros minutos, se durmió como un bebé y después sobrevivió el ansiado final enchufándose a su mp3. Yo le envidié por ello, aunque decidí vérmela hasta el final, aunque fuese únicamente para poder escribir sobre ella hoy aquí. Qué enorme desilusión con una película de la que esperaba muchísimo más. Lo mejor, sin duda alguna, fue que, gracias a Dios, el suplicio no superó la hora y media.
Lo mejor: Los anacronismos continuos.
Lo peor: Tampoco es que tenga un interés mortal, puedes aprovechar mejor tu tiempo.
