Capote trata de la maloliente sensación que uno tiene de que para sobrevivir tienes que darle carnaza a los ricos

★★★☆☆ Buena

Truman Capote

Capote me plantea, otra vez, la cuestión de si el cine puede permanecer neutral frente a la realidad. Hace poco veía en “7 vírgenes” a un canalla sin nombre intentando forzar a una niña de 12 años delante de una cámara impávida, flácida, una cámara suspuestamente “objetiva”.

“Es que esa es la realidad”, me dicen, “¿Quién es el cineasta para cambiar nada?” Parece mentira que me pongan una pregunta tan fácil de responder: es un ser humano.

Capote narra la historia de un best seller. Truman Capote lee en el periódico sobre una matanza en el estado de Kansas y se desplaza para seguir el proceso de cerca. Conoce a las víctimas, conoce a los policías. Los asesinos son capturados en poco tiempo. El escritor se acerca a ellos. Consigue retrasar la sentencia de muerte contratando abogados de lujo que redactan las apelaciones y llegan a la Corte Suprema de Kansas, al Tribunal Federal…

Capote no trata de esa maloliente sensación que uno tiene de que en EEUU sólo sólo mueren ejecutados los pobres. Capote trata de la maloliente sensación que uno tiene de que para sobrevivir en este mundo tienes que darle carnaza a los ricos. El escritor mantiene con vida a los dos asesinos porque necesita conocer esa noche atroz. Necesita conocer ese mundo morboso que se pasea por los programas sensacionalistas y la prensa rosa. Alarga la vida de los asesino igual que la audiencia alarga la cuenta de ingresos de aquellos que le dan carnaza.

Pero Capote es una película neutral. La cámara no condena lo que ve, todo parece bien, o mal, según como se mire. Todo vale; igual que en una violación. Si se pone la cámara en un cierto ángulo se puede violar a una adolescente y no pasa nada. Lo que yo digo es que la neutralidad es la connivencia innombrable con el verdugo; y que no es tolerable cuando hay víctimas.
publicado por Jose Contreras el 3 marzo, 2006

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