No hay por dónde cogerla

★☆☆☆☆ Pésima

Cargo

Ayer, mientras volvía de mi desayuno de pseudo funcionario, una viejecita me paró por la calle preguntándome si quería ir al cine gratis. Evidentemente dije que sí, y allí estábamos anoche rodeados de gente cuya edad media podía superar perfectamente los sesenta años, viendo Cargo, una extraña película (extraña por lo incomprensible de su reparto, tipo las coproducciones europeas en el que hay un actor de cada país, para que se note quién ha aportado el dinero y cuánto dinero ha aportado) dirigida por Clive Gordon (autor de documentales que se pasa al largo y que no ha comenzado con muy buen pie su carrera) y escrita por Paul Laverty, antiguo colaborador de Ken Loach en la escritura de algunas de sus películas (Felices dieciséis o La canción de Carla) y que supongo tenía ganas ya de librarse de tanto cine social y comprometido e ir directamente al entretenimiento puro y duro.

La película cuenta la historia de un hombre (Daniel Brhül) que debe escapar de un pais africano donde le han robado toda la documentación y de donde no puede salir (¿Por qué está allí? ¿Cómo es posible escaparse tan fácilmente de la policía? ¿Quién es tan tonto como para robar una pulsera en un pais africano?). Para ello, se cuela en un barco gigantesco de contrabandistas con rumbo a Marsella, en el que convivirá con un grupo de marineros (eviten el chiste, por favor) que tiene como afición tirar por la borda a todos los polizones que encuentren en el barco durante el trayecto (pero incompresiblemente, a él lo adoptan y lo protegen: será que solo te tiran si eres polizón y negro)

No se por donde empezar para destripar la película, porque realmente no hay por donde cogerla. Para empezar, los personajes están caricaturizados hasta un extremo imposible: los marineros (no se si ocho o diez, perdí la cuenta) son brutos a mas no poder, y no aportan absolutamente nada cuando abren la boca para gruñir. No dicen dos palabras sin soltar un taco y gritar, y el guionista pone en su boca diálogos como estos:

Capitán: “Id a registrar la bodega y encontradlo!”
Marinero 1: “Eso, que no quede ningún cabrón vivo”
Marinero 2: “A por ese hijoputa”
Marinero ·: “Vamos, encontraremos a ese cabrón”

El personaje del capitán, interpretado por Peter Mullan (vaya flaco favor que le ha hecho el guionista de Ken Loach en recomendarlo), es de esos que hablan con metáforas todo el tiempo, y que tiene un oscurísimo pasado que debe haber sido horrible para hacer las cosas que hace. Esto (el misterio de algo que ocurrió en el pasado) es lo que pretendidamente hace avanzar la historia; pero puedo decir que no, que es precisamente lo que la hunde. Durante una hora y media intentando saber qué pasó en el barco para… descubrir al final que no pasó nada. Los personajes tiran gente por la borda para no pagar la multa que le impondrán en el puerto si los descubren. No busquen mas.

Luis Tosar, la aportación mas visible española, actúa con el piloto automático requerido en este tipo de películas. Parece que pasaba por allí y le pidieron actuar. Encima, si le piden que vaya hecho un cerdo y con barba a lo Fray Leopoldo, pues el en su salsa. Para mas inri, se dobla a si mismo, aunque bueno, no se nota demasiado, porque mas que hablar parece que gruñe cada vez que abre la boca.

El único que se salva es Daniel Brühl, que consigue poner cara de asustado durante todo el metraje, no se sabe si por la historia o por ver lo que estaban perpretando los que le rodeaban… Además hay fallos de fotografía, desenfoques evidentes, incoherencias en la historia, cosas que pasan por que sí, y una escena final tipo “La Piedad” que no tiene desperdicio (por lo sonrojante).

La fotografía es lo único que parece pensado y trabajado en una cinta en la que era muy fácil conseguir la sensación de claustrofobia que ahogara al espectador y le hiciera identificarse con el protagonista (un barco en medio del mar lleno de entresijos, pasillos y habitaciones) , pero parece que sólo el director de fotografía se planteó esta posibilidad, y el guionista y el director se empeñan en destrozar las sensaciones que éste provoca.

Y todo esto para una película que muestra, en su cartel promocional, la frase “Magníficamente rodada… excelentes interpretaciones” (Geoff Gilmore, director del Festival de cine de Sundance) y “Inquietante… áspera y febril como un latido” (La Razón) . Si así está el nivel de calidad, no me quiero ni imaginar lo que vendrá si esta infumable cinta tiene éxito. Esperemos que no.
Lo mejor: La fotografía
Lo peor: Su cartel promocional: Magníficamente rodada, excelentes interpretaciones.
publicado por Javier el 15 marzo, 2006

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