Los lujos no se quedan en las explosiones helicópteros y rascacielos. El guión es otro lujo.

★★★★☆ Muy Buena

Una manera de enriquecer la ficción es la atención al detalle. El género de terror la acusa como un exceso cuando cae en la casquería, pero el cine de acción gana mucho cuando entra en pormenores. La saga Misión Imposible es muy parecida a la de James Bond pero la golea en los detalles. Ethan Hunt entretiene mucho más con sus robos, secuestros, rescates, escapadas, y peleas. No se trata del placer de verle ganar, se trata del placer de verle hacer.

Cada entrega de Misión imposible acapara la atención del publico de todo el mundo. Los creadores saben que tienen que estar a una gran altura para colmar las expectativas, pero hasta ahora ninguno se ha dejado vencer por el vértigo. Ni de Palma, ni Woo ni ahora J.J. Abrahams, al que algunos conocerán por la serie “Alias”. Cada secuencia de la película, cada tramo, está tejido con la misma cantidad de ideas que una película completa de otra firma; y, probablemente, con un presupuesto mayor. Un capítulo de M:I:III es como un festín de cine de acción. Y está rodada con esa estupenda sensación de suficiencia.

El principio de la película cuenta como Ethan intenta rescatar a una espía de Berlín con un exceso de medios y de adrenalina que en otra película del mismo género serviría para regalarnos un final de apoteosis. Pero poco contentos con la dosis de acción, la persecución de helicópteros y las bombas, los guionistas nos dicen que la espía rescatada puede morirse por un implante que tiene en el cerebro. Este tipo de piruetas, de “más difícil todavía” se acumulan toda la película. Es como si los creadores supieran que el espectador ya ha visto todas las posibilidades de una cuenta atrás de un “no puede salvarse de ahí” y para complicarlo nos dijeran: “Eso no es todo”. Personalmente me da asusta pensar que será del cine cuando Misión Imposible III quede como una peli de acción más.

Los lujos no se quedan en las explosiones helicópteros y rascacielos. El guión es otro lujo. Y tiene uno de esos trucos narrativos de los que yo suelo quejarme. Pero sólo tiene uno, no apoya la historia en retoricas. Y además es tan oportuno. Me voy a tomar la libertad de contarlo: la historia comienza con una escena del final; Ethan tiene que darle al malo la pata de conejo, porque si no se lo da el malo matará a la mujer que él ama; y tiene diez segundos para decidir lo que hace.

El cine holliwoodiense ha evolucionado desde los buenos chicos que daban su vida por el bien de la sociedad, de los años cuarenta (Cayo Largo) a los chicos malos de nuestros días que hacen las mismas heroicidades pero sólo por ayudar a la persona que quieren. Hoy día ningún héroe se atreve a decir en voz alta que va a jugarse el tipo por una causa elevada; a menos que el héroe lo interprete Bruce Willis, claro. A Ethan Hunt deberían tomarlo muchos como ejemplo por el equilibrio que mantiene entre los dos extremos.
publicado por Jose Contreras el 6 mayo, 2006

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