Wes Craven firmó la original. Su huella es visible en esta versión, en la solución heroica del miedo, en el muchacho que sabe cosas que nadie quiere oír, en el final…

★★★☆☆ Buena

Las colinas tienen ojos

La familia Carter cruza el desierto de Nuevo México para llegar a la costa californiana. El empleado de una gasolinera nauseabunda les indica un atajo para ahorrar unas horas, pero ese camino les lleva derechos a una emboscada. Esa zona del desierto la habítan los engendros humanos que provocaron las pruebas nucleares de mediados del siglo pasado.

Por muy arbitrarias que puedan parecer las muertes de una película sanguinaria, el autor siempre deja una pauta. Y el espectador sale de la sala con esa impronta en la cabeza. Si la familia no hubiera cogido aquel atajo para ir a la costa no hubiera ocurrido la tragedia. Si el padre no llega a entrar en la casa del encargado de la gasolinera buscando a sus perro, el encargado no les hubiera indicado la carretera de la muerte. Sospecho que los espectadores nos sometemos a la crueldad del cine de terror a cambio de lecciones de este tipo. Los personajes que mueren primero trazan la línea. La estrategia que ellos han seguido, gritar, implorar, huir, no nos sirve. Los que sobreviven sólo se salvarán si prueban otra.

El nuero de la familia Carter, Bukowski, es un pacifista que repudia las armas de fuego y que pide explicaciones por la masacre como un chico bueno. Es el personaje que más tiene que cambiar si quiere salir vivo del infierno. Los menores tienen que superar su miedo.

Es una batalla a vida o muerte entre personas normales física y moralmente, contra egendros que lo son en los dos sentidos. Al contrario de Tim Burton, este tipo de cine nos enseña a detestar lo diferente. Aja retarda mucho la respuesta de la civilización. Su invitación a entrar en la orgía de sangre se hace con todo lujo de dilaciones. Cuando los buenos deciden ensañarse, el público lleva horas pidiéndolo. Los orientales son menos mojigatos a la hora de entregarse a estos banquetes.

Wes Craven firmó la original. Su huella es visible en esta versión, en la solución heroica del miedo, en el muchacho que sabe cosas que nadie quiere oír. En el final…
publicado por Jose Contreras el 5 julio, 2006

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