Funcionan las palabras, los conceptos y la idea, pero naufragan las imágenes, que no son capaces de transmitir la sensación de soledad, vacío y angustia existencial contadas por Bukowski

★★☆☆☆ Mediocre

Factotum

¿Hay alguien por ahí que aún no haya leído a Bukowski? Craso error. Porque Charles Bukowski es uno de los grandes escritores del pasado siglo, uno de esos genios que, con su prosa descarnada y sus historias cargadas de sexo, peleas, apuestas y alcohol, elevó a lo más alto ese realismo más guarro que meramente sucio, tan querido fue a muchos escritores norteamericanos de los ochenta.

Y, sin embargo, si ves la adaptación de algunas de sus historias que nos muestra “Factotum”, saldrás algo decepcionado del cine. Protagonizada por un Mat Dillon que está envejeciendo con enorme dignidad, como tuvimos ocasión de ver en “Crash”, en este caso sólo funcionan realmente bien las palabras escritas por Bukowski, puestas en boca de su alter ego, el salvaje e inclasificables Chinaski.

Funcionan las palabras, los conceptos y la idea, pero naufragan las imágenes, que no son capaces de transmitir la sensación de soledad, vacío y angustia existencial contadas por el autor de libros tan excelentes (y explícitos) como el propio “Factotum”, “La máquina de follar” o “Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones”. La fotografía es demasiado perfecta, la atmósfera es demasiado clara, hay demasiada luz. ¿Cómo no echar de menos la fascinante, turbia y oscura “Barfly”, protagonizada por unos emocionalmente agonizantes Mickey Rourke y Faye Dunaway?

El caso es que la película está bien, tiene momentos brillantes e imágenes conceptuales, muy sugerentes, como cuando cada uno de los dos protagonistas se turna para vomitar en el váter, mientras el otro está espatarrado en la cama. Hay diálogos y situaciones kafkianas, aparecen raptos de humor sucio y cruel y, en general, no te aburres. Pero Bukowski se merecía mucho más que un simple “no aburrirse”.

Lo mejor de “Factotum” es esa voz en off que habla de la vida, la literatura, el compromiso con la radicalidad creativa y, a la vez, la
perseverancia y el esfuerzo… para con las cosas importantes de la vida: escribir, follar, beber y apostar. Una película que, más allá de sus fotogramas, hace muy deseable volver a releer las intensas páginas escritas por el autor e invita a revisitar aquella gloriosa “Barfly” de Barbet Schroeder.
publicado por Jesus Lens el 18 julio, 2006

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