Escribe una más que correcta página en la historia cinematográfica del personaje, si bien todavía sigue sin mostrarnos esa obra maestra que nos merecemos.

★★★☆☆ Buena

Superman returns

A todo el mundo le gusta Superman. A usted que lee, también le gusta. Y si no, debería. Si a alguien no le gusta Superman, es porque sencillamente le caen mal los superhéroes, y ante eso ya no se puede hacer nada. El Hombre de Acero es, sin duda alguna, el arquetipo heróico por excelencia, el equivalente a Hércules en nuestra época. Fue creado por dos jóvenes judíos en los años 30, pero ahora pertenece a todos. Durante la Guerra Fría se le utilizó como medio de propaganda (añadiendo a su frase “por la verdad y la justica” el colofón “y nuestro modo de vida”) pero ya todo eso está felizmente superado. Superman simboliza las cualidades más nobles de las que es capaz el género humano, sólo que en él se encuentran en estado puro. Es el símbolo máximo de la voluntad justiciera caida del cielo. En otras palabras, Superman resume el gran anhelo mesiánico de la cultura occidental.

Quizás esa sea la razón por la cual no ha habido ninguna adaptación cinematográfica que haya dejado a todo el mundo satisfecho. Porque vamos, póngase usted la mano en el corazón y dígame que alguna de las películas anteriores de Superman es realmente buena. La primera, la del 78, tenía una banda sonora magistral, estaba protagonizada por un inmenso Christopher Reeve y mostraba una primera parte realmente grandiosa en la que se contaba con todo lujo de detalles el origen del superhéroe, pero a partir de allí todo se descalabraba: aquella escena en la que Superman regresaba en el tiempo era ridícula incluso para la época, y el Hombre de Acero no tenía un rival que estuviese a su altura. La segunda contaba con unos villanos interesantes, pero al final, la manera en que eran derrotados resultaba tan patética que te hacía llorar de impotencia. Para colmo, las dos películas contaban con un Lex Luthor en mi opinión nefasto: un Gene Hackman que era más un personaje cómico que una auténtica amenaza. De la tercera y la cuarta parte, mientras menos hablemos mejor.

Dos décadas se tardó en materializar el proyecto de una nueva película de Superman, y el encargado fue Brian Synger, quien ya había demostrado conocer el mundo de los superhéroes con sus dos películas de X-Men, sobre todo con la segunda. Siguiendo en parte el “ejemplo” dado por Christopher Nolan con su Batman Begins (2005), que superó por mucho a las versiones de Tim Burton, Synger decide reinventar su versión de Superman, haciendo de la suya una secuela de la segunda parte y fingiendo que la tercera y la cuarta fueron pesadillas que nunca ocurrieron. Ya aquello fue un primer acierto, uno de los muchos que Superman Returns (2006) ofrece.
Porque si hay algo que admito es que Superman Returns tiene momentos malos. Sin embargo, las partes buenas son muy buenas.

El contenido mesiánico que mencionábamos arriba está aquí de todo menos “contenido”. Synger no parece escatimar esfuerzos en mostrarnos a Superman (interpretado aquí, acertadamente, por un actor casi desconocido para el público general) como una especie de semidios llamado por orden “divina” a salvar a la humanidad sin importar en qué lío se meta, mostrando asimismo una dicotomía interesante en el hombre moderno: la suplicante necesidad de ser salvados al mismo tiempo que se manifiesta abiertamente lo contrario. Este es, sin duda, el aspecto más interesante (para mí) de la película.

Sin embargo, no todo es bueno. Por desgracia, Superman Returns sigue sin mostrarnos un Lex Luthor que valga la pena. Kevin Spacey se parece más a la idea que todos tenemos del personaje, pero al igual que Gene Hackman, es un payaso. Un payaso cruel y déspota, pero un pasayo al fin y al cabo. Esto, lo confieso, no me gusta para nada, especialmente después de que la tele ya nos había ofrecido dos excelentes versiones del personaje: el de la nueva serie animada y aquel al que da vida Michael Rosebaum en Smalville (aprovecho acá para reinvindicar esta fabulosa serie). Así que no pueden decir que no lo tenían fácil para otorgar a este personaje la profundidad que se merece. Además, cuando tenemos en cuenta que en la versión actual del cómic, Luthor es el presidente de los Estados Unidos, la elección de un personaje “apolítico” parece más bien cobarde.

Otro problema, en este sentido, es Kevin Spacey, un actor totalmente inapropiado. Spacey es, sencillamente, demasiado amanerado para ser Lex Luthor, y esto se nota mucho en las escenas en las que se enfada. Para colmo, no olvidemos que él apareció en un cameo como el “Dr. Evil” en Austin Powers 3 (2002), por lo que de entrada resulta imposible tomarle en serio.

Así que, en definitiva, Superman Returns escribe una más que correcta página en la historia cinematográfica del personaje, si bien todavía sigue sin mostrarnos esa obra maestra que nos merecemos. Con todo, sigue siendo recomendable por sus grandilocuentes escenas de acción y por lo fastuoso de su manipulación emocional (sobre todo cada vez que suena la fanfarria de John Williams).

Ya son varios los que le han caído encima a esta película, de una forma que es, en mi opinión, exagerada. Imagino que será el tiempo en que se encargue de matizar ese injusto rechazo, y que Superman Returns será, junto con The Hulk (2003), una de las películas basadas en cómics más incomprendidas de esta década. Será imposible satisfacer a todos los fans del personaje, pero al menos esta película puede que sea el primer paso hacia una interpretación definitiva del mito. Esperemos.
publicado por Hombre Lobo el 12 agosto, 2006

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