¿Cómo funcionan las multinacionales del crimen del siglo XXI? La respuesta: “Miami Vice”, minuciosa y precisa recreación de las mafias de la droga.

★★★☆☆ Buena

Corrupción en Miami

Desde que el atraco protagonizado por De Niro y Val Kilmer en “Heat” me puso el corazón a cien, siento auténtica veneración por Michael Mann, una admiración que tocó el cielo con su maravillosa, profunda y excepcional “Collateral”. Por eso esperaba su versión cinematográfica de “Miami Vice” con la misma ansiedad con que Carpanta ansiaba echarle mano a un jugoso pollo asado.

El caso es que en este verano en que hemos ido viendo diversos trailers de distintas películas, el de “Corrupción en Miami” no ha sido uno de los más espectaculares, ni mucho menos. Que tampoco pasa nada por eso, la verdad, que el trailer de “Alatriste” prometía mucho y, al final, era más excitante el anuncio que la propia película.

El caso es que, aún cansada y sin excesivas ganas, arrastré a Sacai al cine para disfrutar en riguroso estreno este “Miami Vice” del que tanto esperaba. Y lo primero que quería ver, más bien escuchar, era este tema que linkamos AQUÍ.

A los televidentes de mi generación, a buen seguro, les traerá ecos y recuerdos de un buen puñado de noches pasadas frente a la tele, en compañía de Sonny Crocket, Ricardo Tubbs y, sobre todo, de ese misterioso y enigmático Teniente Castillo, que se acabó ganando el favor y el cariño de todos nosotros.

Pero el temazo, ese pedazo de tema con que los Siniestro Total abrían todas sus potentes actuaciones en directo, no aparece en el filme. Y, aunque Sonny sigue corriendo a toda hostia, ya no embraga con aquella decisión de antaño, mientras soltaba y apretaba el acelerador con sus mocasines de diseño.

¿Es malo todo eso?

No. Porque Michael Mann ha pasado de nostalgias y ha decidido sumergirnos en el Miami más moderno y actual, un Miami que, al igual que el fascinante Los Angeles que nos mostraba en “Heat” y “Collateral”, bajo la mirada de su cámara, luce como una auténtica obra de arte de la posmodernidad, imágenes subyugantes e impactantes, tomas aéreas realizadas desde aviones y helicópteros que, pespunteadas por una excelente banda sonora, se te quedan felizmente impresas en la retina.

El talento visual de Michael Mann no tiene competencia, hoy por hoy, en la cinematografía mundial. Cierto que goza de altísimos presupuestos. Verdad es que le permiten hacer todo lo que le da la gana, pero, desde luego, lo aprovecha.

¿Y la historia? Pues directa, contundente y al grano. ¿Cómo funcionan las multinacionales del crimen del siglo XXI? La respuesta: “Miami Vice”, minuciosa y precisa recreación de las mafias de la droga, sus conexiones y sus resortes. Sin apenas dedicar un minuto a la cotidianeidad de la vida de los protagonistas, sólo lo estrictamente necesario para definir a los personajes y hacer que las piezas del guión terminen encajando, en “Miami Vice” todo transcurre a velocidad de vértigo. Los operativos se montan sobre la marcha, las decisiones son tajantes y las órdenes se cumplen ipso facto.

¿Los personajes? Mejor Ricardo que Sonny, la verdad, aunque éste tenga más protagonismo. Y, sobre todo, Gong Li, esplendorosa. Que hasta su historia de amor, a priori lo más peligroso de la película, resulta creíble, tórrida y emocionante. Y también me convenció a ese orondo y ojeroso Teniente Castillo.

¿Y Tosar? Muy bien. Inquietante, magnético, y muy de la tierra, leyendo un periódico de información económica con noticias referidas a Amancio Ortega, Zara y Caixanova.

¿Y la acción? No es una “Corrupción en Miami” no es una ensalada de tiros, precisamente, pero cada disparo tiene la contundencia de un mazazo. Tanto los francotiradores del principio como la secuencia del secuestro están inmejorablemente resueltas. Y la secuencia final… sólo un maestro como Mann, con ese pulso narrativo que tiene para las secuencias de acción, es capaz de rodar una transacción de drogas y dinero como si estuviera contando la Guerra de Irak. Fascinante. Epatante.

¿Estamos, pues, ante una obra maestra? No. Hay tiempos muertos, bajadas de ritmo y una cierta frialdad general que te deja un regusto amargo, metálico. Si en “Collateral”, Mann conseguía un perfecto combinado entre filosofía, diseño, sociología y acción, en “Miami Vice” prima lo formal sobre lo emocional, la forma sobre el fondo.

Pero no pasa nada. Mann sigue siendo un crack y, desde luego, cuatro o cinco secuencias de “Corrupción en Miami” valen infinitamente más que el 95% de las películas que hay actualmente en cartelera.
publicado por Jesus Lens el 9 septiembre, 2006

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