Quizá remite demasiado a su otra gran obra, pero la intensidad y la tristeza que evoca el conjunto, la hermosísima fotografía, y la inspirada música hacen que ‘El viento que agita la cebada’ sea una más que digna ganadora de la Palma de Oro de Cannes

★★★★☆ Muy Buena

El viento que agita la cebada

No me importa reconocer que Ken Loach es uno de los directores que más me ha emocionado con sus películas (‘Ladybird, ladybird’, ‘Lloviendo piedras’, ‘Tierra y libertad’…). Muchos le acusan de excesivo didactismo al aplicar sus tesis izquierdistas en sus films, otros se quejan de lo maniqueos que son sus personajes. A mí, qué quieren que les diga, me ponen un nudo en la garganta en la mayoría de las veces. Será afinidad política (con los años, cada vez menos) o simplemente identificación con los personajes, de origen humilde y de carne y hueso. El caso es que con ‘El viento que agita la cebada’ (2006) Mr. Loach lo volvió a conseguir. Otra llantina en el cine.

‘El viento que agita la cebada’ cuenta la historia de dos hermanos, Damien (muy acertado Cillian Murphy) y Teddy (solidísimo Padraic Delaney) O’Donovan, que se ven inmersos en la lucha por la independencia de Irlanda en 1920. Lo que en un principio es una lucha contra el invasor inglés, se convierte más tarde en guerra civil, al dividirse el bando irlandés entre los que apoyan un tratado de paz que los subordina al Reino Unido y los que opinan que el tratado debe archivarlo el rey inglés en el interior de su augusta cavidad rectal. Damien y Teddy se encontrarán en la encrucijada de cesar la lucha y aceptar el tratado o perseguir el ideal de un gobierno socialista para todos los irlandeses, a sangre y fuego.

A diferencia de ‘Tierra y libertad’, ‘El viento que agita la cebada’ no se centra tanto en la parte política sino en los efectos que una guerra tiene en las personas. Damien, estudiante de medicina, se convierte en líder de una columna del IRA en ausencia de su hermano, teniendo que tomar decisiones que lo marcan de por vida. También su hermano Teddy, salvajemente (muy salvajemente, una de esas escenas que hacen tapar ojos) torturado por los ingleses, se convierte en defensor del tratado de paz con sus enemigos. Las familias de los rebeldes sufren los castigos que no pueden infligir a los sublevados. Los soldados ingleses, después de la pesadilla que fue la primera guerra mundial, son asesinados por el IRA. Aquí, de forma más equilibrada que en ‘Tierra y libertad’, se muestra la deshumanización de todo conflicto bélico, y las consecuencias de dicha deshumanización. En todos los bandos.

Loach reflexiona también sobre el uso de la violencia, esto es, el terrorismo. Mientras en la primera parte de la película justifica esa lucha armada por la violencia e injusticia de los “black and tans” ingleses, en la segunda parte del film nos muestra a unos personajes que, en sus propias palabras, “han cruzado la línea”, y creen que ya no hay vuelta atrás respecto a la violencia que utilizan. Algún que otro político debería ver esta película para darse cuenta de que esto del fin de la violencia no es cuestión de que alguien diga “hemos parado” y ya está. Pero ese es otro debate, más allá del cinematográfico.

‘El viento que agita la cebada’, en conjunto, quizá remite demasiado a su otra gran obra, y quizás la brutalidad de los mercenarios ingleses parezca que sólo está para justificar la lucha armada, pero la intensidad y la tristeza que evoca el conjunto, la hermosísima fotografía (obra del gran Barry Ackroyd), y la inspirada música (del no menos grande George Fenton) hacen que ‘El viento que agita la cebada’ sea una más que digna ganadora de la Palma de Oro de Cannes. Un 8.
publicado por Plissken el 25 septiembre, 2006

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