Una película de mejor envoltorio que contenido. Aún así, comparada con otras de un género similar, la cinta de Michael Mann supera la media gracias a su estilo tan personal y reconocible.

★★★☆☆ Buena

Corrupción en Miami

No sé dónde escuché o leí que la manera en la que Michael Mann rueda sus escenas de acción es de lo más verosímil. Y lo cierto es que, si echamos un vistazo a Heat o a Collateral, sus dos cintas más equiparables con Corrupción en Miami en este sentido, podríamos convenir que sus balas y tiroteos sí que parecen sonar, y desarrollarse, como los de verdad. En ellos no hay rastro de esa exageración tan propia del cine por la que se puede disparar una escopeta de cañón recortado a una mano sin que a su portador le tiemble el pulso, o aquella otra por la que las balas de los malos sólo les refrescan el cogote a unos oponentes imprudentes en sus acciones. Además, sus guiones para este tipo de trabajos tampoco suelen adscribirse a las convenciones propias de las cintas de acción. Heat se podría casi considerar un western urbano planteado como un pulso entre dos colosos como De Niro y Pacino. Y el argumento de Collateral es más atípico incluso: Tom Cruise, un asesino a sueldo, y Jamie Foxx, un taxista, coinciden en el vehículo de éste en una noche de gran ajetreo laboral para el primero. Sin embargo, los guiones de ambas superan con creces la plana y poco original historia de esta Corrupción en Miami, basada en los personajes de la serie de los 80 de la que el propio Mann fue productor ejecutivo. Eso sí, al margen de haber empleado los nombres de los agentes ‘Sonny’ Crockett y Ricardo Tubbs y el título de la propia serie, esta cinta poco o nada tiene que ver con la producción televisiva creada por Anthony Yerkovich.

Y ya no sólo porque la estética de Mann difumine cualquier paralelismo posible con la serie, con la que sólo comparte el lujo de los ambientes de Miami, sino porque se ve muy poco de Miami y, aún menos, del retratado en una serie que quizá, vista ahora, pudiera ya parecernos un pelín casposa, pese a lo aclamada que resultó en aquellos años. Por tanto, de esta libre adaptación que Mann ha hecho sobresale su peculiar fotografía nocturna, con un marcado grano en pantalla que ya pudimos disfrutar en Collateral, cinta en la que Mann comenzó a experimentar con el uso de las técnicas digitales, y con las posibilidades adicionales brindadas por éstas para el rodaje de escenas nocturnas. Así, algunas panorámicas de Miami rodadas en noche cerrada ofrecen una belleza centelleante. También es reseñable la escasa acción de la cinta, concentrada al final de su extenso metraje (casi dos horas y media), que sí lleva esa rúbrica tan particular de Mann de la que hablaba al principio. Pero lo que falla en ella, a mi juicio, es lo que ocurre en su nudo. Su historia quiere centrarse en cómo se desarrolla la infiltración de dos policías en una imbricada red criminal dotada de potentes herramientas de contraespionaje. Además de detallar las complejidades de una misión de este calibre, Mann profundiza en cómo la segunda identidad del agente puede, a veces, contaminar a la verdadera. Pero el desarrollo de toda esta trama, la verdad, resulta lento y, por momentos, mal explicado. De hecho, la cinta comienza con la muerte de dos agentes infiltrados de un cuerpo policial distinto al de Sonny y Tubbs debido a un chivatazo procedente de una de las agencias de seguridad implicadas. Pues bien, en el desenlace, después de que los dos policías de Miami retomen el trabajo de sus compañeros caídos, no queda resuelto el preocupante asunto del chivatazo.

De la labor actoral, Colin Farrell convence como el carismático Sonny, Foxx se muestra eficaz como el cerebral ‘Rico’, sorprende en sus contadas apariciones Luis Tosar como un malo contenido, al igual que destaca la sensual presencia de la bella Gong Li. Y la elección musical resulta acertada para acompañar las secuencias nocturnas por Miami o las localizaciones de Haití y Cuba.

En definitiva, una película de mejor envoltorio que contenido. Aún así, comparada con otras de un género similar, la cinta de Michael Mann supera la media gracias a su estilo tan personal y reconocible. Pero su historia ya la han contado otras muchas veces e, incluso, mejor que aquí. Por citar algunos ejemplos, infinitamente mejores son las cintas policiacas basadas en guiones de James Ellroy.
publicado por Matías Cobo el 29 septiembre, 2006

Enviar comentario

Leer más opiniones sobre

muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.