Una historia bastante anodina y simple, que pese a tener un par de momentos buenos, no nos deja un buen sabor de boca. Es una fallida comedia que no hará las delicias del público, salvo de los adoradores de Santiago Segura y algún que otro espectador

★☆☆☆☆ Pésima

La máquina de bailar

La verdad es que la nueva producción de Santiago Segura tiene un buen gancho: él. A partir de ahí y con un trailer que me hizo interesarme por esta nueva propuesta, me acerqué a la sala para lo que pensé iba a ser una comedia interesante, pero nada más lejos de la realidad. La película de Óscar Aibar se convierte en una historia bastante anodina y simple, que pese a tener un par de momentos buenos, no nos deja un buen sabor de boca como nos ocurrió en anteriores propuestas del director de Evilio.

Y uno de esos buenos momentos, es el protagonizado por el actor y director cántabro Nacho Vigalondo. A modo de cameo y en la misma sala de juegos subterránea en la que se desarrolló Choque (su último cortometraje), encarna al lider de un grupo de pijos bastante macarras. La verdad es que es un buen punto de la película y más cuando no tenía conocimiento alguno de su existencia.
Johnny (Santiago Segura) es otro personaje que nos puede proporcionar alguna sonrisa, aunque el que siempre cumple y con creces es Enrique Villén en un papel muy reducido.

Junto a estos actores nos encontramos con el elenco principal formado por Jordi Vilches, Bárbara Muñoz y Eduardo García como integrantes del equipo que se enfrentará por el campeonato de la máquina de bailar, y por último un José Corbacho convertido en un envidioso hijo de puta, muy bien interpretado.

Como defectos, decir que los que hayan jugado alguna vez con la “alfombra” que nos ofrece la playstation y sepan de qué va el tema, se encontrarán con que no concuerdan para nada sus pasos de baile con lo que aparece en la pantalla del juego, salvo en los casos en que nos muestran insertos de planos detalles de la máquina revelándonos los resultados y los puntos que van obteniendo. Por pequeño (o grande) que parezca este fallo, la verdad es que se podría haber intentado subsanar de algún otro modo, desde aprendiéndose algún tema del juego para realizar la coreografía o disimulándolo más, y digo esto porque las coreografías y los pasos que se marcan son muy profesionales (algunos realizados por dobles al verse solamente los pies, pero en otros podemos apreciar cómo los actores han tenido que aprender a moverse y coordinar sus movimientos).

En definitiva “La máquina de bailar” es una fallida comedia que no hará las delicias del público, salvo de los adoradores de Santiago Segura y algún que otro espectador muy complaciente.
publicado por Alvaro Oliva el 2 octubre, 2006

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