Stone logra una obra maestra de cerca de 45 minutos que pierde en intensidad a medida que avanza el metraje para recuperar el tono hacia el final.

★★★★☆ Muy Buena

World Trade Center

11 de septiembre de 2001. Un avión de la compañía America Airlines y otro de United Airlines son secuestrados y estrellados contra el World Trade Center. Algo más de 2.000 personas murieron en aquel atentado de Al-Qaeda que conmocionó al mundo. Sólo dos decenas de personas fueron rescatadas con vida de entre los escombros de las Torres Gemelas, que se vinieron abajo poco después de la colisión. Will Jimeno (Michael Peña), agente de la Autoridad Aeroportuaria del Departamento de Policía de Nueva York, y el sargento John McLoughlin (Nicolas Cage) son dos de esas víctimas que lograron salir con vida, tras 24 horas semienterrados, para poder contar al mundo que ocurrió ese fatídico día. El director Oliver Stone ha sido el encargado de llevar a la pantalla la historia de estos dos hombres que lucharon contra la Muerte para poder salir del infierno de escombros y llamas en el que se encontraban. Pero no sólo su historia, sino también la de esos centenares de hombres y mujeres que lucharon por buscar cualquier atisbo de vida en medio del caos reinante.

Todo el mundo conoce a estas alturas que ocurrió hace cinco años en el World Trade Center y también cómo se vivió en una ciudad que quedó colapsada ante la magnitud de los acontecimientos. Lo novedoso de la película es conocer cómo lo vivieron los ciudadanos y, sobre todo, los cuerpos de seguridad, que recibían sólo parte de la información. Pensaban que había sido un accidente. Quiénes entraron a ayudar en la primera torre atacada no sabían que la misma escena se había producido en la segunda. El caos que se vivió en la escena de la tragedia se alterna con continuas imágenes de cómo lo veían los familiares y el resto del mundo ante la televisión. Esta parte es la más interesante de toda la narración fílmica.

Stone filma un magnífico comienzo de la película que decae cuando se centra sólo en las vidas de los dos protagonistas. No se trata de que caiga en el sentimentalismo (por otra parte previsible) sino por la forma en la que se narran las cosas y cómo se enlazan los flash-back de sus vidas con su situación bajo los escombros. Resulta demasiado chocante y se pierde el dramatismo. Aunque es justo reconocer que este recurso es necesario para no caer en el tedio de una misma imagen continuada del delirio dos personas semienterradas con ganas de salir de allí, pero que poco a poco van perdiendo la esperanza de lograrlo.

Cage borda su papel de hombre serio y poco simpático, pero cumplidor de su deber hasta el último momento. Mientras que a Michael Peña le toca el papel de chicano divertido que el algún momento tiene que tomar las riendas de la situación para echar una mano a su sargento. Ambos están correctos y sobrios, pero la mejor actuación es la de Maggie Gyllenhaal (Allison Jimeno), la esposa del agente Jimeno, que refleja a la perfección como debió ser la agonía de los familiares que no recibían noticias de sus seres queridos.

Calidad estética (que es mucha) y narrativa (algo menos) de la película aparte, la mayor emoción que logra arrancar Stone al espectador es el recuerdo. Un sentimiento de profunda tristeza aflora al volver a ver las imágenes de personas lanzándose al vacío para escapar de las llamas o el escalofrío que recorre la espalda al contemplar como se desploma la primera torre. E, inevitablemente, aunque ésta no sea la intención del director, aparece el recuerdo de los atentados de Madrid. El caos, el miedo, la indignación, la solidaridad…

Stone logra una obra maestra de cerca de 45 minutos que pierde en intensidad a medida que avanza el metraje para recuperar el tono hacia el final. Lo peor de todo es que para quienes no son americanos ese eterno patriotismo exaltado resulta, incluso aquí, un poco exagerado. Un ex marine que se desplaza hasta la zona cero para ayudar en la búsqueda de las víctimas es el encargado, como no, de dar vida a ese americanismo algo rancio que chirría incluso en medio de una tragedia así. Su frase final al teléfono lo dice todo: “¿Volver? No, todavía no. Aquí van a necesitar mucha gente para vengar esto”. Lo mejor, sin duda, el final feliz para los protagonistas, aunque sólo en parte.
publicado por Juan Nadie el 2 octubre, 2006

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