Puede no gustarnos, pero ahí está la capacidad narrativa de un cineasta complejo, que nos pone al borde del abismo para probarnos.

★★★☆☆ Buena

El director de la bien valorada Hapiness consigue su propósito de rompernos los esquemas con este cuento acerca de una niña que quiere ser madre en un mundo lleno de criaturas feroces.

Parece tarea sencilla recomendar una película que planea sobre la pedofilia, el conservadurismo y las ansias de libertad en la sociedad norteamericana. Más fácil aún si además está bien rodada y cuenta con buenas interpretaciones. Pero en este caso cuesta por una sencilla razón: Todd Solondz es un director complicado y bastante exhibicionista, acostumbrado a introducirnos en tramas laberínticas u oníricas, que transforman lo sencillo y palpable en implícito. Y eso, si se juega con la verdad sin pulir, da demasiados quebraderos de cabeza.

Comenzamos por el juego literario que consiste en atesorar palabras o frases que se leen igual de izquierda a derecha, que de derecha a izquierda. Si Julio Medem nos presentó a Ana y Otto en Los amantes del Círculo Polar, Solondz confía su protagonista, Aviva, a seis actrices diferentes y emplea la figura de manera metafórica y menos evidente. ¿Curioso? En sí lo es el largometraje en su conjunto: la principal cualidad del cineasta no es precisamente la indiferencia.

Aclaraciones del título a un lado, de lo que sí nos daremos cuenta será de la manía del cineasta por ponernos nerviosos. Lo consigue yendo directo al germen de la historia –la identidad de uno mismo, que permanece inalterable- aunque deteniéndose en rincones poéticos en donde nos quiere convencer de que estamos confundidos. El tono de fantasía no está exento de un halo de amargura y crueldad. Como la fábula más certera y adulta, despoja la vida de las cosas bonitas y la presenta desnuda.

Puede no gustarnos, pero ahí está la capacidad narrativa de un cineasta complejo, que nos pone al borde del abismo para probarnos. La cosa está en que nos guste la idea de que nos amenacen y quiten la venda de los ojos de tal manera. Luego, si nos queremos dejar llevar, está lo que propone Solondz: que en la vida, por mucho que uno se esmere en cambiar, siempre se vuelve al punto de origen. Pero esa es otra historia dentro del caudal de sensaciones que provoca esta inclasificable cinta.
publicado por Daniel Galindo el 2 octubre, 2006

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