A menudo da la impresión de no ir más allá de un espectáculo visual, el cual viene a ser -en muchas secuencias – un plagio del estilo llamado “hiper-realista” ejecutado por Spielberg.

★★★☆☆ Buena

Hijos de los hombres

Cuando aparecen las letras de la conclusión y te dispones a digerir tantas imágenes sobre personajes en circunstancias caóticas creadas por la violencia humana en un futuro cercano – e inquietantemente similar al presente inmediato – pudiera no caber otro camino que el instinto de elogio dirigido a ése cineasta llamado Alfonso Cuarón, quién ya demostró un llamativo estilo visual en su estupenda aportación a la saga de Harry Potter.

Si empezamos por ahí, todo va bien. Estamos ante una apabullante recreación visual de un mundo apocalíptico que se justifica a sí mismo y se hace creíble prácticamente desde los primeros minutos de la narración sin necesidad de ofrecer un prólogo explicativo, partiendo de un cuadro en el que el protagonista se sitúa en el centro de un grupo de gente que contempla en la televisión la noticia referente a la muerte del más joven de los humanos, cerrando un ciclo y agravando la depresión colectiva de un mundo atrapado en su ausencia de expectativas para la posteridad.

Ése mismo personaje morirá ante la nueva semilla, abriendo camino a la esperanza, y viene a ser el hilo argumental que nos conduce a lo largo de todo el periplo, usado con efectividad, y denota el buen hacer en la estructura por parte del director y sus guionistas. Sin duda, la plasmación estética, la creación de una atmósfera apocalíptica, y el variado surtido de perfiles humanos que garantizan un mínimo aliento poético a un producto técnicamente impecable, pero que demasiado a menudo da la impresión de no ir más allá de un espectáculo visual, el cual viene a ser -en muchas secuencias – un plagio del estilo llamado “hiper-realista” ejecutado por Spielberg con todo lujo de medios y trucos de artillería en “Salvar al soldado Ryan”.

La contundencia en el plano visual y la honestidad en el desarrollo de la idea son notables, sin duda, pero al final queda un regusto a vacuidad, a causa de lo indicado anteriormente: ¿hay algo más en esta película aparte de una apabullante puesta en escena?. En el estrato de los personajes y las relaciones entre los mismos, como ya se ha apuntado antes, hay variedad en la tipología de personajes pero el caso es que el relato no profundiza en ninguno de ellos ni termina de cuajar el adecuado tono épico y dramático en ninguna de las situaciones desarrolladas (peca de omitir la explicación de algunos hechos y motivaciones, por ejemplo, el espectador nunca llega a conocer el significado del “proyecto humano”, objetivo último de la aventura). Diríase que la representación de los distintos perfiles resulta creíble y funciona como idea de enganche para una narración coral sobre el caos vivido en una colectividad que lucha por la supervivencia de la civilización o de los ideales particulares, pero la mirada de Cuarón sobre ese conjunto es demasiado tibia, no subraya suficientemente el latido dramático de ese conjunto humano en una historia sobre grupos humanos que se debaten entre la lucha, la derrota inevitable en apariencia, y la esperanza representada en el llanto del bebé que, por unos instantes, logra acallar gritos y bombas en la que posiblemente sea la escena más sustanciosa, por su tono elegíaco y su carga simbólica.

Concluyendo, si “Hijos de los hombres” no ha conseguido ser una gran película es por la frialdad y la tibieza con las que aborda el drama humano de fondo, a pesar de sus excelentes virtudes en la realización técnica.
publicado por José A. Peig el 21 octubre, 2006

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