No es cine negro en sí mismo. Es una película que intenta recrear la atmósfera del cine clásico y que resulta fría y distante.

★★★☆☆ Buena

La dalia negra

Cuando se anunció que Brian de Palma se iba a hacer cargo de la adaptación cinematográfica de “La dalia negra”, una de las primeras novelas de James Perro Salvaje Ellroy, un cierto regustillo me recorrió la espalda. Un regustillo no exento de inquietud, dicho sea de paso. Porque De Palma es uno de esos directores con personalidad propia, capaces de lo mejor… y de lo peor.

A medida que se iba conformando el reparto, el interés iba creciendo; exponencialmente cuando se anunció la incorporación al proyecto de la impagable, oscarizada, esplendorosa y sugestiva Hillary Swank. Y llegó Venecia. Y se estrenó la película. Y me lancé como un lobo a leer qué opinaban los Carlos Boyero & Co. Y… ¡oh decepción! Que “La dalia negra” era mucho ruido y pocas nueces. Mucho continente y poco contenido. Demasiada fachada para tan escaso cimiento.

Y de ahí en adelante, todo eran malas vibraciones en torno a la Dalia. Los amigos de NOVELPOL – la Internacional Cibernético-castellana del Género Negro – que asistieron el pre-estreno fueron bastante críticos y sólo en un Blog encontré alguna referencia positiva de la película.

Por eso, cuando Sacai y yo nos plantamos el viernes en el Neptuno, mi ánimo era contradictorio. Preparado para lo peor, aún esperaba una sorpresa en positivo. Y la cosa empezó bien. De Palma rápidamente contextualiza esa Los Ángeles violenta y bullanguera, racista, activa, imparable y excitante que Ellroy tan bien nos ha contado en sus novelas. De la misma forma, los personajes principales quedan bien definidos a las primeras de cambio: dos polis, ex-soldados y ex-boxeadores, que se suben al carro del éxito mediático para ascender, de dos en dos, los escalones del escalafón policial.

Pero me surge una duda. Si todos los que hemos devorado las novelas de Ellroy rápidamente nos ponemos en situación con respecto a esos personajes turbios y contradictorios, obsesivos y obsesionados por los fantasmas del pasado, violentos, justicieros, drogadictos, ambiciosos, nobles y el largo etcétera con que el escritor insufla de agitada y acelerada vida a sus inolvidables criaturas, ¿qué pasa con los espectadores que llegan al cine vírgenes del universo ellroyano?

En otras palabras, ¿consigue De Palma que los personajes cinematográficos sean tan interesantes como los literarios? Sinceramente y a falta de contrastar opiniones, creo que no. El hecho de que se vea a uno de los protas tomar bencedrina o perder los papeles un par de veces a lo largo del metraje, no le acerca al infierno existencial en que viven los personajes de Ellroy. Sinceramente, durante la proyección de “La dalia negra”, en ningún momento conseguí la identificación emocional que me hace odiar, amar, admirar y despreciar, a la vez y al mismo tiempo, a las fascinantes criaturas de uno de los mejores escritores norteamericanos del momento.

Reconozco que la ambientación, los decorados, el vestuario y la música están muy bien logrados. La historia es solvente, está bien narrada, algunos movimientos de cámara de De Palma son espectaculares, hay secuencias magníficamente resueltas (el combate de boxeo y la encerrona al protagonista, por ejemplo) y no me aburrí durante la proyección. Cierto.

Pero en ningún momento me emocionó la película. Para nada. Lo que más me gustó fue la recreación de Elisabeth Short, en blanco y negro; sus pruebas para el cine y, después, las secuencias de la película pornográfica que había rodado. Pero no sentí la tensión que supuestamente debía haber entre los protagonistas. Ni la Johansson ni la Swank (¡y que lo diga yo, por favor!) llegan a transmitir la pulsión sexual de las grandes actrices del cine negro norteamericano.

El problema de “La dalia negra” es que no es cine negro en sí mismo. Es una película que intenta recrear la atmósfera del cine clásico y que resulta fría y distante, sin el calor de las grandes películas del género y, desde luego, sin alcanzar los abismos vertiginosos que la lectura de las novelas de Ellroy llega a provocar en sus lectores más acérrimos.

Insisto en que ser fan del novelista puede pesar como una losa a la hora de ver la adaptación cinematográfica de una de sus grandes novelas y por eso, en esta ocasión y más que nunca, me gustaría conocer la opinión de quiénes, sin saber nada de Ellroy, han ido a ver “La dalia negra” como una película más. Así que, amigos… tenéis la palabra.
publicado por Jesus Lens el 23 octubre, 2006

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