De Palma ha caído en lo mismo que haría un novato: cuidar en demasía el envoltorio y descuidar de forma soberana lo de dentro.

★☆☆☆☆ Pésima

Qué difícil es encontrar una película cuya ambientación y clima sea intachable. Igual de difícil que empastarla con un buen argumento. Brian De Palma, que tan bien lo hizo en “Los Intocables de Elliot Ness” y “Atrapado por su pasado” ha caído en “La Dalia Negra” en lo mismo que haría un novato: cuidar en demasía el envoltorio y descuidar de forma soberana lo de dentro.

El cine negro vuelve de la mano de De Palma, y cómo lo hace. 100% de efectividad en recrear toda esa esfera que más nos recuerda a los grandes clásicos como “Cayo Largo”: los protagonistas se encienden un cigarro detrás de otro, los tíos son muy duros, las chicas son muy calentorras aunque recatadas, y lo mejor de todo, Hartnett con sombrero en la cama tras hacer el amor. Con una inmejorable práctica en “Los Intocables”, De Palma borda un Master en cómo convertir Los Angeles en una turbia ciudad del 47 con todos los elementos del cine negro en su sitio correcto, pero lo repito, que pena que el guión y la historia no quede a la altura.

Conversaciones absurdas y a veces estúpidas rompen la magia por completo. A veces no sabía si dejar de oir a los protagonistas para esperar que en la escena siguiente remontaríamos la cosa. No es así, porque no remonta sino que todo se desboca hasta llegar al final. El argumento se desarrolla en muchas ocasiones con una incoherencia evidente, y terminas por no integrarte mucho en el ir y venir del protagonista en la busqueda del culpable. Quizás un segundo visionado me haría comprender el film de otra forma, pero no sé si me veo con fuerzas de soportar a Hartnett una vez más.

A pesar de haber puesto mis esperanzas en que De Palma lo espabilaría por completo, la actuación del guapito de Hollywood termina por confirmarme que este actor es tan lineal como inexpresivo, y le echo bastante culpa de la falta de conexión con la historia. Podríamos imaginarnos a un buen puñado de actores que hubieran sacado la papeleta de forma más airosa, por eso no entiendo muy bien que llevó al director a hacerse de los servicios de un actor que no ha hecho un buen trabajo en su vida. Si quería rodearse de gente jóven, lo podría haber hecho sin que eso supusiera incompetencia.

De las chicas no tengo ningún pero, aunque quizás fui equivocado pensando que Johansson sería más cruel. No puedo decir que sea la interpretación de su vida, que seguro está por llegar, pero para nada me ha decepcionado. Correcta sin más, aunque si he de compararla con el papel de Hilary Swank, sale perdiendo. La multi-oscarizada es lo mejor de la película y creí que nunca vería un ápice de sensualidad en esta chica, hasta que su papel de auténtica loba me ha tapado la boca. Impresionante cómo le quedan las perlas en la cama.

Los secundarios más notables son Aaron Eckhart, que lo hace mil veces mejor que el protagonista, aunque no era difícil, y Fiona Shaw, simplemente maravillosa.

Dos escenas para recordar: K.D. Lang cantando en el club donde un coro de bailarinas viciosas te dejan sin respiración, y la escena donde Hartnett conoce a los padres de Swank y en la que la cámara se mueve al antojo de su director, que me hace recordar lo mejor que tenía “Ojos de Serpiente”.

La autoridades sanitarias descubrirán que De Palma se ha pasado por el forro los consejos de evitar escenas con demasiado fumeteo. En prácticamente todos los fotogramas hay un cigarro, el otro gran protagonista mudo del film. Qué mal rato para quienes necesitabamos un pitillo en aras de soportar a Hartnett.

Un gran cineasta con dos cabos sueltos: su actor principal y su argumento. La próxima vez será, Brian.
publicado por Bloody Will el 23 octubre, 2006

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