Como casi todo el cine anglosajón, “Hijos de los hombres” parte de una premisa apasionante, una embarazada en un mundo sin hijos es suficiente para hacer andar cualquier película. A Cuarón le sirve para hablar de fronteras, exclusión e inmigrantes il

★★★☆☆ Buena

Hijos de los hombres

Tengo que dar las gracias a todos los compañeros blogeros, y también a los críticos por haber adelantado una de las sorpresas que Cuarón se guardaba en la manga durante la primera media hora: que la chica estaba embarazada. Menos desvelador es decir que en un futuro cercano, en 2009, han dejado de nacer niños, y que el hombre más joven del planeta, de 18 años, acaba de morir en el 2028.

Theo, el protagonista ha dejado de creer en el género humano. Entra en la historia porque su hermano dirige el ministerio de cultura y puede conseguir un salvoconducto para la chica. Ironías de la película, el burócrata se dedica a salvar obras de arte que dentro de poco nadie podrá admirar ¿Qué sentido tiene el arte sin la raza humana? Más sentido tiene salvar a la muchacha, cosa en la cual se afanan todos los demás, si bien, no por los mismos motivos.

Como casi todo el cine anglosajón, “Hijos de los hombres” parte de una premisa apasionante, una embarazada en un mundo sin hijos es suficiente para hacer andar cualquier película. A Cuarón le sirve para hablar de fronteras, exclusión e inmigrantes ilegales. El Reino Unido se ha convertido en una fortaleza inexpugnable, el último reducto de la civilización, un estado policial donde el mayor delito es no tener papeles. Algo parecido a lo que en realidad es.

La futura madre no tiene papeles. Una ONG quiere usarla para acabar con la segregación. Aprendemos a odiar a todos los que quieren usarla porque sabemos que el bebé no puede ser un medio para nada. Por desgracia para la película, tampoco era el mejor medio para defender las tesis de los creadores.

Tiene dos planos secuencia inolvidables. El parto está rodado sin un solo corte, de modo que o bien la actriz dio a luz delante de la cámara o bien el niño era una creación infográfica. El segundo está rodado en medio de un polvorín. Clive Owen avanza entre bombas y tiros sin que la cámara se separe de él, mientras ocurren miles de cosas y se destruyen edificios y carros. Si se quiere, uno puede divertirse imaginando lo que hubiera ocurrido si después de tanto gasto se equivoca en una línea y hay que rodar el plano de nuevo.
publicado por Jose Contreras el 28 octubre, 2006

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