Sólo una buena película que poco aporta al universo “Scorsese” o al género. Acepta su condición de mero entretenimiento y recurre con (demasiada) facilidad a los excesos.

★★★☆☆ Buena

Infiltrados

Martin Scorsese sale de nuevo a las “malas calles”, y si en “Gangs of New York” la incipiente metrópoli era, a mediados del siglo XIX, un hervidero de pandillas de irlandeses, italianos y nativos, certifica que 150 años después, aunque sea Boston en vez de la ciudad de los rascacielos, las cosas han ido a peor.

El espectro de rivalidades se ha extendido a las bandas afroamericanas, hispanas, asiáticas (o del este). Y que las “ratas”, que luchan por su trozo del territorio, no sólo se pasean en los barrios bajos sinó también en las altas esferas del poder.

Algo está sucediendo para que el cine norteamericano se inscriba o bien en lo políticamente correcto o bien en la ira y violencia más radical. La oscarizada “Crash” ya nos submergía en el polvorín de tensiones de la ciudad de Los Ángeles. Y curioso es que otra película tan reciente, y de ínfimo presupuesto, como “Crank: veneno en la sangre”, ¿una soberana estupidez o una espídica parodia del género?, comparta con “Infiltrados” tantos elementos en común: desde un ritmo trepidante, a chistes fáciles sobre sexo, una violencia sin límites, lenguaje soez, sangre, adrenalina e incluso planos de manos cercenadas.

Claro que “Infiltrados” es de factura brillante, su ritmo impecable, el reparto de campanillas y su calidad parece fuera de toda duda.

Esencialmente, nos propone el juego del gato y el ratón entre dos topos, uno dentro del crimen organizado, Billy Costigan (Leonardo DiCaprio); y otro, Collin Sullivan (Matt Damon), en el seno de la policia. Las dos caras de una misma moneda, y la diferencia que hay entre los ‘valiums’ que se toma Costigan y el apartamento de lujo y la novia de ensueño que logra Sullivan.

Convincente está DiCaprio, que ya demostró en “El aviador” su valía para personajes atormentados, y que aquí interpreta a un don nadie a quien pueden liquidar en cualquier esquina o bar. E igual de notable Matt Damon, muy cometido, que sabe como ocultar el estado de ánimo e inquietud detrás de su mirada. ¡Aunque el corazón vaya a estallar palpitando, hay que saber mantener el pulso firme! Como diría Costigan/DiCaprio.

Un punto y aparte es Jack Nicholson, como el ‘capo’ Frank Costello. O mejor dicho, el “festival” Nicholson, que disfruta como un niño expresándose en muecas y lenguaje grosero, dejando entrever las tendencias sádicas de su personaje, y diviertiéndose tanto con sus amiguitas de lujo como atosigando a recatados sacerdotes y monjas. El mismo Nicholson escapó del control del guionista, William Monahan, y director reescribiendo gran parte de sus diálogos y ampliando el peso de su personaje. En cambio, Mark Whalberg se convierte en la auténtica revelación del estelar reparto.

Nicholson aparte, hay que señalar que la mayoría de momentos y escenas más significativas de “infiltrados”, incluída una súbita y desconcertante sorpresa final, ya estaban en “Infernal affairs” (aquí titulada “Juego sucio” para su estreno en DVD), la película ‘made in Hong Kong’ en la que se basa.

Si acaso en “Infernal affairs” pasaban años para los protagonistas y éstos se iban identificando cada vez más con su entorno y colegas, haciendo más explícita esa frase que pronuncia el mafioso Costello (Jack Nicholson) sobre que con una arma cargada en la mano no hay diferencia entre quien es el ladrón y quien el policia.

“Infiltrados”, por supuesto, lleva impreso el sello “Scorsese”. Es un espectáculo de más de dos horas y media muy entretenido, visualmente atractivo, contundente, lleno de nervio, varonil, y una lección de montaje, obra de Thelma Schoonmaker, la colaboradora habitual de Scorsese. También misógina en el mundo que retrata. Sólo correcta es la principal presencia femenina, Vera farmiga, cuya mejor escena es un homenaje, en plano general corto, a “El tercer hombre”.

El título original en inglés “The departed”, más metafísico (la única vez que aparece la palabra es en una tumba), se refiere a los que “han partido”, aquellos que nos han abandonado. Nos habla de los muertos, pero también de los vivos, de su propio infierno en la urbe, y quizás embarcados en un viaje sin retorno.

Pero va de “más” a “menos”. Las expectativas creadas ante una gran película u obra maestra no se cumplen. Acaba siendo sólo una buena película que poco aporta al universo “Scorsese” o al género. Accepta su condición de mero entretenimiento y recurre con (demasiada) facilidad a los excesos o a una puesta en escena pensada para deslumbrar.
publicado por Carles el 30 octubre, 2006

Enviar comentario

muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.