Una gran idea materializada en una película grisácea y tristona. Interesante, pero en absoluto emocionante o arrebatadora.

★★☆☆☆ Mediocre

Hijos de los hombres

El punto de partida de “Hijos de los hombres” es absolutamente fascinante. En vez de apuntar al fin del mundo a la manera tradicional, por el deshielo de los casquetes polares, una guerra nuclear o una plaga devastadora que amenace con cepillarse al género humano, parte de una premisa mucho más sencilla y, precisamente por eso, más inquietante, más desasosegante: sencillamente, las mujeres dejan de tener hijos. Empiezan a tener abortos y a no quedarse embarazadas y, de repente, la humanidad se ve abocada a un inevitable final por caducidad.

De hecho, la película arranca con la muerte de la persona más joven del mundo, un chaval de 18 años. Lo curioso es que, fiel a su trayectoria milenaria y cuando se acerca el fin del mundo, los humanos son especialmente propensos a la violencia, la sangre, la confrontación y la guerra. Inglaterra está sumida en el caos, con los inmigrantes enjaulados, al más puro estilo de Guantánamo. Todo es gris y presenta un aspecto descuidado, sucio y abandonado.

Y en ese mundo, una chica de color, una Fugi(tiva), queda embarazada. Y las distintas facciones que se disputan el poder en Inglaterra quieren hacer bandera del niño, que encuentra su mejor adalid y protector en un enigmático e individualista perdedor que hace suya la misión de poner a madre e hijo a salvo, llevándolos a un barco que los conduciría a un lugar desconocido en que se ha puesto en marcha un proyecto entre utópico y esperanzador: el Proyecto Humano.

Lo malo es que con tan buenas mimbres y con un excepcional elenco de actores – Clive Owen, Michael Caine, Julianne Moore – la película no resulta tan interesante como debería haber sido. Aunque el planteamiento está muy bien y formalmente está rodada con la sequedad precisa, hay demasiada ensalada de tiros, demasiada fuga precipitada, demasiada supuesta acción en una película que, más bien, debería haber aspirado y apelado a la reflexión.

Porque, encima, la acción no es que sea un prodigio de ritmo, precisamente. Me gusta la última batalla, rodada casi al modo de un video juego, con la estética documental de los noticiarios de la tele. Me gusta esa especie de milagro que, como todo lo que tiene que ver con los hombres, apenas dura unos minutos. Me gusta el final, sin excesivos dramatismos forzados.

Sin embargo, toda la parte central de la película, el comando de los peces y demás me resultó aburrido y desangelado, sin garra, como cumpliendo un mero trámite entre el planteamiento de la historia y su desenlace. Por cierto, los infames doblajes de los actores principales tampoco es que contribuyan a hacer más atractiva esta parte de la narración.

En resumen, una gran idea materializada en una película grisácea y tristona. Interesante, pero en absoluto emocionante o arrebatadora.
publicado por Jesus Lens el 4 noviembre, 2006

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