Películas como “Ficción”, sin embargo, están llamadas a permanecer en la memoria de los espectadores. Una película que deja poso.

★★★★☆ Muy Buena

Ficción

“En la ciudad” de Cesc Gay. No sé por que demonios tengo metida esa letanía en la cabeza, esas seis palabras que, de forma tan cíclica como continua, me vienen a la mente. Sé que se refieren a una película, muy alabada y comentada; y a un director, joven y excelentemente valorado. Pero nada más. Ni la he visto, ni sé de qué van la peli o su autor. Si es que éste va de algo…

El caso es que se acaba de estrenar “Ficción”, la última película de Gay, que también ha concitado el aplauso de la crítica. Y me fui a verla, a una sesión golfa, pensando si no debería haber visto antes esa dichosa “En la ciudad”. Vamos, que no sabía si Cesc es uno de esos autores autorreferenciales a quiénes, para pillarles el punto, debes haber seguido desde el principio de su carrera.

Pero no. En absoluto. Aunque por la temática planteada en “Ficción” – la relación de dos contumaces urbanitas que coinciden en una especie de retiro creativo-espiritual en el Pirineo catalán – pueda parecer que estemos ante el reverso bucólico de una película titulada “En la ciudad”, aquélla se ve, se disfruta y se paladea con auténtica delectación, aún sin saber nada sobre el trabajo previo de su autor.

Y es que estamos ante una de esas películas pequeñas e íntimas, aparentemente sencillas, que hablan sobre banalidades tales como la vida, el arte, la creación, la fidelidad, el amor, la traición, la amistad, el compromiso y un etcétera tan largo como largas son las diversas posibilidades que ofrecen las relaciones interpersonales de los seres humanos en una sociedad tan compleja y contradictoria como la española de principios de siglo XXI.

Y, lo mejor de todo, el gran acierto, talento y habilidad de Gay reside en hablar de todos esos temas trascendentales, que en otras manos hubieran tendido hacia la grandilocuencia y el engolamiento, de una forma sencilla, cristalina, prístina y sin pretensiones, sin soflamas ni proclamas estentóreas, sin vacua retórica, sin parafernalia ni adornos gratuitos.

A lo largo de la película, obviamente, pasan cosas. Pero son las cosas de todos los días. Por ejemplo, los cuatro protagonistas se marchan a la montaña, se distancian y los dos más inexpertos se pierden. Lo que podría haber dado lugar a una odisea de sufrimiento, superación, dramatismo y demás; Gay lo resuelve con una pasmosa naturalidad: los dos perdidos descienden tranquilamente y a la caída de la noche llegan a un camino, señalizado, que les dirige hacia un refugio de montaña y hacia un pueblo. Como ha empezado a llover, se quedan en el refugio donde, aún incómodos, pasan la noche buenamente.

Naturalidad. Ésas es la clave de la historia. Una naturalidad a raudales, en los personajes, en sus diálogos, en sus relaciones y en sus reacciones. Personajes de carne y hueso, sacados de una realidad que Gay, guionista y director, sabe captar y describir a la perfección. Y es que en el origen de la historia hay un hecho cierto y vivido por el autor: el fracaso sentimental de amigos y conocidos que, siendo padres jóvenes, tiran por el sumidero sus relaciones de pareja.

No goza el cine realista de gran predicamento, hoy en día. Sin embargo, películas como “Ficción”, paradójico título, te reconcilian con esos bocados de realidad, con esos apuntes del natural que perduran en el tiempo. Cuando los espectaculares efectos especiales de hoy, mañana sean un juego de niños, esas-mega producciones que ahora concitan un desmesurado interés mediático serán pasto del olvido. Películas como “Ficción”, sin embargo, están llamadas a permanecer en la memoria de los espectadores, a formar parte del acervo cultural y sentimental de esta nuestra sociedad, tal y como ocurre, por ejemplo, con los cuentos morales de Rohmer, a los que tanto me recordó esta “Ficción” que, con el paso de las horas, va ganando en solidez. Una película que deja poso.
publicado por Jesus Lens el 12 noviembre, 2006

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