Divertido y recomendable relato vacuno de superación. Se agradecen películas para los más pequeños como esta que no insultan su inteligencia con chistes facilones.

★★★☆☆ Buena

El corral

Se agradecen películas para los más pequeños como esta que no insultan su inteligencia con chistes facilones que salpican aburridas tramas. De conocerles, Esopo e Iriarte seguro que les habrían dedicado muchas de sus fábulas. Es más, si vivieran y tuvieran cultura audiovisual, cada animalito de esta curiosa granja protagonizaría al menos un cortometraje.

Con ritmo, dosificando las sorpresas y jugando con referentes cinematográficos que entre los niños pueden pasar desapercibidos, esta cinta entronca con otros como Chicken Run (Evasión en la Granja), aunque más por la temática que por la forma ya que en este sentido recuerda más a Jimmy Neutrón, del mismo director.

Tras un título recurrente se esconde un mundo al que no podemos acceder los humanos. Stevie Wonder compuso los temas del álbum La vida secreta de las plantas, sugerente frase que al que suscribe provoca imágenes de flores y arbustos con personalidad, como las que descubre Alicia en su deambular por el país de las maravillas. Algo así ocurre con este retrato de usos y costumbres bestiales que no es más que una visión de la vida más oculta de los animales.

Al tener niños como público objetivo, no faltan patrones arquetípicos, aunque no es el punto más destacado de este divertido relato vacuno de superación. A los responsables parece no importarles que vacas, con sus ubres y todo, sean machos. Esto puede desconcertar sobre todo a los pequeños. Incongruencia sí, pero al fin y al cabo se trata de una licencia más, como las que se han permitido los dobladores al castellano en su decisión de imponerle un acento gallego a un trío insólito formado por tres vacas (machos) locas.

Por momentos llega a ser algo excesiva por sus devaneos melosos. La historia rezuma moralina, no mucha, pero en cantidad suficiente para comprobar que es cosecha de El rey león. Aquí no es Simba el que busca el consuelo y el apoyo de su padre, perdido en el firmamento, pero Otis recuerda mucho al leoncito de la Disney en ciertas secuencias. Ya se sabe que de referencias vive el cine actual y este trabajo está repleto de ellas, aunque también abundan los momentos hilarantes proporcionados por un hurón deseoso de hincar el diente a un pollo pesimista. Divertida y recomendable.
publicado por Daniel Galindo el 13 noviembre, 2006

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