La cinta juega un notable papel como precuela y prepara el terreno a venideras entregas protagonizadas por Craig.

★★★☆☆ Buena

Casino Royale

Toda fórmula de éxito precisa evolucionar para no estancarse en una monótona repetición. En las películas-franquicia de Bond, la evolución suele venir de la mano de un nuevo actor que recoge el testigo de otro en la encarnación del agente británico. En esta Casino Royale hay tantas novedades en el estilo del filme, en sus personajes o en su historia que la relevancia de éstas es similar o mayor a la comentada, y polémica, incorporación de Daniel Craig a la lista de agentes Bond. Desde el inicio de la película, cuando Bond se gana sus galones de agente doble cero matando implacablamente a los dos objetivos requeridos para el cargo, se percibe una clara intención de poner tierra de por medio con los últimos trabajos protagonizados por Brosnan, más emparentados con el estilo habitual de la serie de cintas basadas en el famoso espía de Ian Fleming.

La elegancia, el lujo suntuoso y las bellas mujeres siguen ahí, pero Bond, que está al comienzo de su carrera como 007, es más visceral, menos sofisticado y, sobre todo, más humano. La violencia es más explícita y Bond pasa verdaderos apuros en secuencias de acción que antaño solventaba sin despeinarse. Por ejemplo, memorable es la persecución inicial que este hercúleo Bond hace de un delincuente por las calles de Magadascar al comienzo del filme, con un ritmo y un montaje visual deslumbrantes. Los enemigos, un elemento siempre clave en esta cintas, tienen objetivos más mundanos y carecen de los delirios de destrucción global de sus predecesores. Tampoco se repite la ritual visita al experto en ‘gadgets’ mortíferos y las mujeres objeto no aparecen con tanta profusión como en otras cintas de exhibición testironil de 007. De hecho, y pese a este perfil más duro de Bond, éste se mostrará de lo más vulnerable ante la bella Vesper Lynd (una guapísima Eva Green). Con ella vivirá un idilio amoroso muy distinto, y de mayor calado, al compartido con otras ‘chicas Bond’.

Por tanto, si los productores querían distanciarse de las cintas previas, lo han logrado sobradamente. Otro gran acierto es haber situado el relato del filme en los inicios de la carrera de Bond como agente 007. Así, la cinta juega un notable papel como precuela y prepara el terreno a venideras entregas protagonizadas por Craig (algo ya previsto). Quizá sean discutibles la extensa duración de la película (dos horas y media) y el cierto desquilibrio en el ritmo que propician las secuencias transcurridas en el casino. Pese a todo, el trabajo de Martin Campbell aporta una bocanada de aire fresco al personaje y cumplirá las expectativas del público que vaya a ver Casino Royale con el ánimo de ver buen cine de entretenimiento. Ah, y aunque sea un detalle superfluo, también sabremos que a este nuevo Bond, más etílico que nunca, poco o nada le importa que sus ‘martinis’ estén agitados o mezclados. Sólo quiere que se los sirvan pronto.
Lo mejor: Las novedades en el estilo del filme, en sus personajes o en su historia son tan o más relevantes que la polémica incorporación de Daniel Craig a la lista de agentes Bond.
Lo peor: La extensa duración de la película (dos horas y media) y el cierto desquilibrio en el ritmo que propician las secuencias transcurridas en el casino.
publicado por Matías Cobo el 27 noviembre, 2006

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