Una historia de amor de las de antes, de las bonitas, de las que sin decir nada, se dice todo

★★★★☆ Muy Buena

King Kong

Habiendo visto la versión primigenia de 1933 hace escasamente un par de días como quien dice, era de esperar que me pasara todo el metraje (que es mucho) haciendo comparaciones, y he de decir que si bien la versión de 1933 funcionaba a la perfección con sus 100 minutos escasos, esta versión funciona igualmente bien con sus monstruosos 180 minutos, llegando a desarrollar partes de la trama que eché en falta en la primera película.

Una de estas partes es la maravillosa historia de amor que surge entre la bella Naomi Watts y la bestia Kong, una historia de amor de las de antes, de las bonitas, de las que sin decir nada, se dice todo, y ha sido este aspecto de la película lo que verdaderamente me ha enamorado (valga la redundancia). Dos momentos a recordar: Los amaneceres, y el patinaje sobre hielo.

Con respecto a los efectos especiales hay que decir que el señor Jackson se ha excedido un poco, sobretodo en el comienzo de la película cuando nos introduce el contexto de la Nueva York de los años 30 y donde utiliza el ordenador para cosas que realmente no tienen porque hacerse digitalmente, pero es algo que para los no muy avezados pasará desapercibido, en cambio los dinosarios y demás bichejos infectos que pueblan Skull Island (Isla de la Calavera) están muy conseguidos, pero la joya de la corona es el mono gigante, Kong, que especialmente en los planos cortos se nos muestra perfecto, impoluto, con todos los detalles, y alcanzando un grado de realidad bastante sorprendente.

Todo esto, junto a unas interpretaciones bastante decentes, una buena música y un ritmo bastante fluido, hacen de esta obra, la película palomitera por excelencia de las Navidades.
Lo mejor: Los efectos digitales. La historia de amor. Que sus 180 minutos no cansen.
Lo peor: Quizá no era demasiado necesario revisitar la historia de Kong... pero bueno, ahí está.
publicado por Pablo López el 28 noviembre, 2006

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