Aún no tiene elegancia inglesa, aún no es misógino, aún no sabe lo que es un Aston Martin ni una pistola con sileciador. Deconstruyendo a Bond, James Bond

★★★★☆ Muy Buena

Casino Royale

La deconstrucción de tortilla de patatas de Ferran Adriá consiste en presentar los tres ingredientes básicos de la tortilla española (huevo, patatas y cebolla) en forma líquida en un vaso en tres capas diferenciadas, y el conjunto se toma con cuchara, como una sopa. Lo más curioso es que sabe a tortilla de patatas a pesar de tener una presentación y comerse de una forma absolutamente distinta a como nos enseñó la abuela. Pero la originalidad de la presentación y la forma de comerla mantiene nuestros sentidos atentos a nuevas sensaciones mientras degustamos sabores clásicos. Abrimos los ojos a la genialidad de un nuevo plato homenajeando una receta inmortal.

El nuevo Bond es algo parecido. Daniel Craig es completamente distinto a cualquiera de los Bonds anteriores, de entrada es rubio y está mucho más cachas, es poco elegante, bruto y hasta patoso, sólo a modo de ejemplo observamos que es más hábil lanzando la pistola al ojo del enemigo que disparándole, sufre y sangra cuando le pegan, incluso es enamoradizo, y muchas veces la caga porque este Bond piensa bastante pocoy es un poco animal, sólo actúa, a veces torpemente, y se cae, tropieza y le descubren más de una vez. La película en sí también es algo diferente, de algún modo es más pausada, aunque eso no desmerece en absoluto las escenas de acción, que están excelentemente bien rodadas, en especial la persecución inicial, que es como un gorila persiguiendo a un hábil mono araña, o una apisonadora persiguiendo a un bólido, que consigue alcanzarlo a base de derribar árboles o destruir la carretera, respectivamente. También la escena final en Venecia es impresionante. En medio están las escenas más pausadas, la partida de póquer, y el romance con la chica Bond, que no es una más, sino que es la primera, inolvidable como todo primer amor, pero que quizá es la subhistoria que más flojea en la película.

En cualquier caso todos los ingredientes Bond están ahí, o mejor dicho, se generan en esta peli, que por algo se basa en la primera novela que Ian Fleming escribió sobre el personaje, un personaje todavía indefinido y que se va creando a medida que avanza el metraje. Bond aún no dice “Me llamo Bond, James Bond”, aún no tiene elegancia inglesa, aún no es misógino, aún no sabe lo que es un Aston Martin ni una pistola con sileciador, ni un Martini con vodka (hay dos o tres guiños magníficos durante la escena de la partida sobre este tema), y en esta precuela descubrirá todo ésto por primera vez. La idea de juntar el argumento totalmente Bond con el personaje pre-Bond de la primera novela y con un nuevo cambio de actor es brillante y da un necesario aire fresco al personaje que, además, nos brinda una magnífica y, de nuevo, entretenidísima película.
Lo mejor: La idea de hacer el Bond iniciático de la primera novela uniéndolo a un cambio bastante radical de actor le da un aire fresco al personaje.
Lo peor: La historia de amor es larga y edulcorada.
publicado por Txapulin el 28 noviembre, 2006

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