El punto fuerte de esta película no se apellida Campbell ni Haggis, sino Craig.

★★★☆☆ Buena

Casino Royale

Esta es la historia de una resurrección. La resurrección de una saga que, como el género del western en sus tiempos, estaba empezando a degenerar y a no tomarse en serio a sí misma. Y del hombre que, sin proponérselo, se convirtió en la encarnación más fiel de un mito desde hace muchos años.

Esta es la historia de Casino Royale, que ya desde su comienzo recibió muchas críticas, desde la elección del nuevo Bond hasta la necesidad de que fuera ésta la novela a adaptar. Eran tiempos aciagos para la producción (desde luego con Tarantino y Brosnan interesados en el proyecto, pocas cosas podían pintar mejor), pero los capeó con mucha dignidad. Y llegó el día del estreno.

Casino Royale tiene lo que las tres últimas cintas de James Bond se dejaron por el camino: una historia verosímil (dentro de lo que eso significa en la saga Bond) con un actor que esté a la altura. Desde siempre James Bond ha sido un estúpido, misógino, machista, sarcástico, sobrado y mil apelativos más, pero ésta, al ser la primera aventura del espía británico, sería diferente y desvelaría grandes detalles sobre el agente. Y así es.

Martin Campbell se curra una dirección muy acertada y efectiva, discreta, que deja todo el peso en la acción, una acción muy bien llevada, muy bien rodada y que es la película está en su justa medida. Ojiplático me he quedado al ver que Paul Haggis estaba enfrascado también en el guión de esta película, un guión algo más notable que el de entregas anteriores (y muy anteriores), pero sin pasarnos, que James Bond al fin y al cabo sabemos todos que es James Bond y no se le pueden pedir peras al olmo. Pero, aunque podría haber llegado a serlo, el punto fuerte de esta película no se apellida Campbell ni Haggis, sino Craig.

Un Bond mucho más visceral, físico, directo y sin medias tintas, en definitiva, un Bond más humano es el que se nos presenta en esta película, donde aprendemos por qué Bond es así, de donde vienen todas sus muletillas, costumbres, acciones, pensamientos… una especie de ‘James Bond Begins’ que nos acerca más a la persona que al mito. Un Bond humano que se muestra cercano, sensible, preocupado, sincero… pero poco durará.

Eva Green guapísima chica Bond ilumina la pantalla cada vez que aparece, sobretodo con esos maravillosos (aunque algo farragosas) combates lingüisticos que enfrentan a Bond y a Vesper. Mads Mikkelsen crea uno de los mejores malos Bond de la saga, sin artificios de ‘dominador del mundo’, simplemente de terrorista ricachón, que como todos los ricachones, cuanto más tiene más quiere, con sus problemas, sus apuros, y sus chanchullos.

Otro aspecto característico de las pelis de 007 son los créditos y las canciones que lo acompañan, donde en esta película también se produce un cambio, pues no son unos títulos Bond al uso, pero molan muchísimo también, y la canción de Chris Cornell me encanta, no es una canción de Bond al uso, pero como no me he cansado de repetir en este artículo… ésta tampoco es una película de Bond al uso.

En definitiva, y para terminar con este artículo, una película mucho más cercana y comprensible de James Bond, en cierto modo porque nos enseña por qué Bond es así, pero que desde luego abre una nueva vía de acción para secuelas posteriores que revitaliza la saga, que ultimamente andaba en paro cardíaco.
publicado por Pablo López el 28 noviembre, 2006

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