Una de las propuestas más fallidas de la temporada, que parte de un material más que interesante para abandonarse a mitad de metraje a una mezcla de thriller sobrenatural y novela de Danielle Steel.

★★☆☆☆ Mediocre

El ilusionista

Los productores de Hollywood son la leche: en vez de hacer las películas en plan original, optan por copiar al vecino, no sea que se forre y ellos queden en ridículo. Por eso solemos tener en una temporada varios ejemplos de películas “repes” (Robin Hoodes, desastres naturales, Wyatt Earps…), de las cuales una de ellas suele ser la “parienta pobre”. Este año les ha tocado a los magos, y ‘El Ilusionista’ parte como la cenicienta del par.

‘El ilusionista’, dirigida por Neil Burger, cuenta la historia, casi el cuento, de Eisenheim (Edward Norton en piloto automático), un mago que en la Viena de principios del siglo XX no deja indiferente a nadie: ni a Sophie (despampanante y algo sosa Jessica Biel), su amor de juventud; ni al inspector Uhl (Paul Giamatti en otro de esos papeles secundarios que acaban siendo el centro de la función), admirador y rival; ni al mismísimo príncipe Leopold (creíble Rufus Sewell hasta la escena final), malvado aspirante a emperador y revientatrucos profesional. Lo que empieza como un reto entre razón y superstición se convierte en una lucha por conseguir el amor de Sophie, con insospechadas consecuencias.

Bueno, esta sería, poco más o menos, la sinopsis oficial. Lo que realmente tenemos entre manos es una de las propuestas más fallidas de la temporada, que parte de un material más que interesante (el mundo de la magia de finales del XIX y principios del XX) para abandonarse a mitad de metraje a una mezcla de thriller sobrenatural y novela de Danielle Steel que acaba aburriendo por previsible.

Y es que, en una película llamada ‘El Ilusionista’ en la que el protagonista es un ilusionista, pues el espectador medio digamos que no se asombra demasiado cuando al final pasa lo que pasa. Pero bueno, mejor no hacer mucha sangre. Dejémoslo en aburrida y previsible.

¿Y por qué no hacer mucha sangre? Pues porque como dije antes, la película arranca de forma espectacular (gran trabajo en fotografía a cargo de Dick Pope, en música a cargo de Philip Glass y en arte a cargo de Ondrej Nekvasil), con un tratamiento de la percepción de la magia por los profanos muy estimulante (todos, alguna vez, hemos deseado ser los listillos que adivinan el secreto de un truco). Pero entra en juego la trama principal y el encanto se esfuma, dejando tan sólo una puesta en escena que, para colmo, desprovista de historia acaba por parecer pomposa y cargante.

Una pena, de verdad, que no contaran, simplemente, la peripecia de un mago enamorado de una princesa. Yo creo que les habría ido mucho mejor.
Lo mejor: Paul Giamatti, y la primera media hora, muy prometedora.
Lo peor: El estúpido final explicado para tontos, que además se ve venir a kilómetros.
publicado por Plissken el 29 noviembre, 2006

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