Los dibujos animados son las creaciones más humanas que nos da el cine. Roddy, con su mansión de lujo es un ejemplo perfecto de la soledad.

★★★☆☆ Buena

Ratónpolis no es ni remotamente una película aburrida. De hecho, es una película divertidísima. Pero tiene unos minutos en que se queda sin fuelle. Los suficientes para destapar un detalle.

Roddy es un ratón mimado de una familia rica de Londres. La familia se va de vacaciones y él se queda solo. Una visita inesperada y un accidente le llevan a dar con sus huesos en las cloacas de la ciudad. Entonces conoce a Rita, una ratoncita que huye de un mafioso a causa de un rubí. El mafioso la encuentra y le roba el rubí, pero Roddy le ayuda a escapar y firma un pacto con ella; ella le ayudará a llegar a casa y él le pagará por el trabajo. En este momento viene el bajón de la película. El mafioso sigue persiguiéndola porque la chica se ha llevado un cable que él necesita para sus planes maléficos.

Es una torpeza pequeña, disculpable, y sólo dura unos minutos. Pero también era evitable. La película exige frenesí, de modo que arranca con un rubí, pero cuando el malo consigue el rubí hay que darle otra excusa para que los buenos sigan escapando. Sólo falta que un señor salga del escenario y nos pida de rodillas que no nos vayamos porque tiene otro número. Los espectadores no queríamos excusas para estar allí sentados, los espectadores creíamos que éramos unos testigos invisibles de algo importante. Cuando las excusas se vuelven pobres y dejan ver que son excusas, los espectadores descubrimos que estamos allí en aquella incómoda butaca, descubrimos que un señor está intentando distraernos con cualquier cosa. Podemos incluso imaginarlo dandole vueltas a la cabeza, trabajando horas extra por la noche para rellenar la siguente página del guión. Entonces es cuando uno mira el reloj.

Los dibujos animados son las creaciones más humanas que nos da el cine. Roddy, con su mansión de lujo es un ejemplo perfecto de la soledad. Tiene cosas pero no tiene familia, es igual que un millonario aislado, o igual que el Niño Grande de Hugh Grant. Toda la aventura que ha vivido le sirve para hacernos pasar un buen rato a nosotros, pero, también para plantearse su vida y tomar una buena decisión.
publicado por Jose Contreras el 1 diciembre, 2006

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