Un Bond tan chulo como siempre pero mucho menos sofisticado revive la serie de sus cenizas.

★★★★☆ Muy Buena

Casino Royale

Me declaro fan de las películas de James Bond. Lo reconozco. Me trae recuerdos de mi descubrimiento del cine de la mano de Sean Connery en Desde Rusia con Amor y eso hace que sea más tolerante que el resto con los desvaríos que estaba sufriendo la serie. Sin embargo, creo que soy bastante justo si digo que este es el mejor Bond en años y el resto de opiniones que se pueden encontrar en la red de redes así lo avalan.

La llegada de Casino Royale a los cines no ha estado acompañada del ruido publicitario que venía precediendo al estreno de las anteriores películas protagonizadas por Pierce Brosnan. Esto, unido a la presentación de Daniel Craig como el nuevo Bond, rubio con los ojos azules, auguraba el definitivo batacazo de la serie. Sin embargo, tanto el nuevo protagonista como los nuevos aires que ha tomado el universo Bond han servido de revulsivo y podemos hablar de la mejor entrega de la saga desde hace mucho tiempo. Daniel Craig encarna a un agente primerizo, pero con la dureza que requiere el puesto. Sigue siendo todo lo chulo que tiene que ser Bond pero con mucha menos sofisticación. Se acabó el Martini agitado pero no removido y el flirteo poético con las chicas Bond. Tanto los diálogos como el personaje, que sangra mucho más de lo habitual para ser James Bond, son creíbles. Eso no significa que la película en sí sea creíble, porque una de las premisas de la serie es que lo que ves tiene que ser increíble. Lo que ocurre es que hay diferencias entre el esto es increíble pero tanto me da y el esto es increíble… ¡joder que no llega! Casino Royale tiene unas cuantas escenas de esas que te hacen agarrarte a los brazos de la butaca y eso significa que el personaje te ha llegado y que estás viviendo a través de sus ojos.

Acompañando a un sorprendente Daniel Craig, tenemos a Eva Green (Soñadores de Bertolucci) como chica Bond, que en esta ocasión es algo más que un par de tetas con piernas. El maloso de turno es Mads Mkkelsen y resulta muy convincente, sobre todo en las escenas de la partida de poker. Por lo demás, el resto de clichés que uno puede esperar de un peli de Bond están aquí: un arranque de infarto, persecuciones, explosiones, ciudades, giros en la trama,… No es que el guión sea un prodigio, pero cumple las expectativas y no se hace largo, cosa que ocurría en las anteriores entregas. Echo de menos la aparición de R, pero es uno de los lastres que han dejado atrás para aligerar un paquete se estaba volviendo muy pesado.

En definitiva, el bueno de Pierce Brosnan parece un abuelete si lo comparamos con el Bond de Craig, mucho más duro y menos sofisticado. La apuesta de los responsables de Casino Royale ha sido bajar al superagente de los altares y darle una paliza de realidad, y el resultado no puede ser más prometedor.
Lo mejor: La actualización del personaje, que sigue siendo tan chulo como siempre pero sin tanta sofisticación. La trama es lo suficientemente simple como para que hayan trabajado las escenas al máximo.
Lo peor: La parte final del guión no parece muy trabajada y se antoja algo apresurada. Se echa de menos la visita al taller de gadgets.
publicado por Taliesin el 11 diciembre, 2006

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