No, no piensen que es una contradicción: Eastwood es un grande en esto del cine. Y ‘Banderas de nuestros padres’ es una buena película. Pero siempre sus cintas tienen doble filo: los pecados del pasado, la importancia del futuro, la eutanasia, y ahora, la manipulación. El realizador americano no termina de criticar de manera absoluta el aspecto esencial del film, quizás por miedo a la censura indirecta de la sociedad americana. Aún no lo sé. Pero todo me lleva a pensar que Eastwood se queda a medio camino entre la obra maestra que ha pretendido filmar y el mensaje que transmite.
Banderas de nuestros padres tiene elementos típicos y atípicos. Sabiendo que se trataba de una batalla de la II Guerra Mundial, nadie podía esperar menos que un impresionante desembarco en la isla de Iwo Jima. Magistral, casi a la altura del de Normandia en ‘Salvar al soldado Ryan’. No obstante, se ve desfavorecido por los continuos flashbacks, que hacen que el ritmo de la película pueda resultar algo irregular. La idea en sí se entiende, pero quizás no debieron ser tan largos, o tan distanciados.
Pero ya que he sacado a la luz la película bélica más importante de la última década, hay algo que sí debe anotarse Eastwood: la historia es más interesante que la de Spielberg (productor también en ‘Banderas de nuestros padres’). ¿Y qué decir del reparto? Ryan Philippe cumple, igual que el resto. No hay ninguna actuación enormemente destacada, aunque a decir verdad, la cinta no está hecha para el lucimiento de sus actores.
Una vez más, Eastwood se llevará el gato al agua. Aunque bien podría haber visto reducido su metraje, que más que extenso se hace cansino, ‘Banderas de nuestros padres’ es una película que, difícilmente, no gustará. Y esto ya es bastante decir.
Lo mejor: El desembaro y la historia
Lo peor: Se hace cansina y podía haber sido más arriesgada