Si tuviese que definir en una palabra a “Babel” diría: emocional. Es magnífica, y como tal, es uno de los mejores productos realizados este año. Se aconseja ver y se aconseja, sobre todo, sentir.

★★★★☆ Muy Buena

Babel

Si tuviese que definir en una palabra a “Babel” diría: emocional. Es una película de sentimientos, de relaciones humanas, de miserias humanas y de tragedias, al fin y al cabo. Tras pasarme las últimas semanas viendo películas vacías y con contenidos burdos, “Babel” ha supuesto todo un respiro cinematográfico. Respiro por saber que aún se hace cine que cuenta historias importantes.

Iñarritu, que ya mostró parte de su entender en “Amores Perros” y “21 gramos” ha llegado con “Babel” a articular una película con vidas cruzadas a priori inconexas. Al atraparte tras los primeros fotogramas vas entendiendo que Marruecos, Mexico y Japón no están tan lejos como piensas. Tal vez recuerde en algo a “Crash”, por cuanto el drama rodea la vida de cada uno de los personajes que integran el film, pero no os confundáis, en “Babel” no se cuentan historias de racismo y prejuicios, en “Babel” se cuentan historias de seres humanos llegados a límite, de la frustración, de la irresponsabbilidad y de la tristeza.

Susan (Cate Blanchett) y Richard (Brad Pitt) viajan por Marruecos, sin embargo no llegamos nunca a saber porqué están ahí, y qué les ha llevado a ese punto del planeta. Sin embargo eso no es lo importante, sino que su relación, de por sí frágil, se pondrá a prueba tras un dramático accidente, en el que se verá implicada una familia autóctona del país. En Japón, Chieko, una chica sorda, pasa sus peores momentos: aún es virgen, busca desesperadamente el amor, y debe lidiar con la fatal muerte de su madre, lo cual afecta a ella y su padre en diferentes versiones. Por último, en San Diego, dos niños quedan al cuidado de una sirvienta mejicana, la cual, a la vista de la larga permanencia de sus padres fuera, tomará la decisión de llevarse a los niños a la boda de su hijo en Mexico con un final digno de infarto.

Me gustaría alargarme más en la sinopsis, pero sería desvelaros aspectos del film que prefiero queden en sorpresa, al igual que me ocurrió a mí al iniciar el film. Sin duda, todos los personajes toman decisiones, equivocadas y con consecuencias fatales en la mayoría de los casos, pero no son decisiones que no tomaramos ninguno de nosotros. Sin duda, el relato de la cuidadora mejicana y los niños americanos me pone la piel de gallina, ya que pienso lo fácil que es confiar en alguien que puede meter la pata hasta el fondo. El relato en Marruecos demuestra la sencillez de un revés fortuito y el de Japón me transmite la tristeza de no saber si quien nos rodea está en plena caída libre.

Muy a mi pesar, y tras varios desencuentros con Brad Pitt debo reconocer que está que se sale en las manos de Iñarritu. Consigue mantener una tensión dramática, como debe ser, durante todo su segmento y su derrumbe final mucho dista de esas lágrimas irrisorias de “Leyendas de Pasión”. No me extrañaría que entrara en los boletos de la academia para los próximos Oscar. Su mejor contrapunto es Cate Blanchett, de la que sí puedo decir que pocas veces me defrauda. Rinko Kikuchi, quien interpreta a la chica sorda japonesa realiza la actuación más triste que he visto en los últimos años, y hablo de tristeza emocional. Esta chica está echa polvo y lo trnasmite sin decir una sola palabra.

Nada importa que en “Babel” se cambie del marroquí al inglés, después al español y después, al japonés. Iñarritu hace que todo esos idiomas fluyan como uno sólo para enseñarnos que el lenguaje es sólo palabras fonéticamente distintas, ya que el alma humana tiene los mismos claroscuros seas de donde seas. Es magnífica, y como tal, es uno de los mejores productos realizados este año. Se aconseja ver y se aconseja, sobre todo, SENTIR.
publicado por Bloody Will el 12 enero, 2007
también incluída en el especial Cine de autor

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