Amargo relato, basado en un hecho real, que nos hace comprender que el silencio ante la injusticia puede llegar a ser tan malo como ella misma.

★★★☆☆ Buena

Atrapa el fuego

Basada en hechos reales acaecidos en 1980, cuando Sudáfrica se desangraba dominada por la minoría blanca y en pleno Apartheid, Atrapa el fuego narra la historia de un hombre blanco al que la fatalidad del destino hace descubrir que mirar para otro lado cuando tienes la injusticia delante te convierte en cómplice silencioso y en potencial víctima futura. Es un concepto que define perfectamente la máxima que popularmente se atribuye a Bertolt Brecht, pero que pertenece a un sacerdote víctima de los nazis llamado Martín Nimoeller, y que reza lo siguiente: “Primero vinieron por los judíos, y no dije nada porque yo no era judío. Luego vinieron por los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista. Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por mí, pero para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada”.

La película pretende transmitir el grito desgarrador de un pueblo que sufrió oprobio y humillación durante décadas de subyugación. Y lo hace con un poco de populismo demagógico, licencia tomada sin duda para intentar aumentar la recaudación en taquilla.
Siendo una medida totalmente lícita, también es cierto que le resta algo de solemnidad al relato, si bien el producto final es bastante interesante y no es osado vaticinarle posibilidades de optar a la dorada estatuilla. Muy buena, como de costumbre, la interpretación de Tim Robbins, uno de esos multimillonarios de izquierdas de los que se fotografían con Fidel Castro pero repudian un apretón de manos de personas como Ruiz Gallardón (mano que por cierto no ha firmado ninguna pena de muerte) y que suele trabajar e implicarse en proyectos de este tipo, que combinan política y cine de calidad. Y de camino, todo sea dicho, embolsarse algunos millones de dólares en su cuenta corriente.

Lo mejor: Trae al primer plano de la actualidad un tema que muchos de los más jóvenes ni siquiera conocen.
Lo peor: Explotar las tragedias humanas como negocio nunca me ha parecido una práctica decente.
publicado por Oscar Cantero el 18 enero, 2007

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