Se trata obviamente de una historia muy política, con una clara ideología, en la que Emilio Estévez emplea a esos personajes ficticios para trazar una radiografía muy precisa de la sociedad norteamericana, de los problemas y malestares que sufría en 1969. Bobby se sirve de todos esos elementos no ya para contar la situación de Estados Unidos hace cuarenta años, sino para denunciar la actual situación del país. No hace falta una gran visión para detectar que casi cuarenta años después, esos problemas sociales y económicos no han disminuido, sino que han aumentado. El pais vuelve a vivir una guerra impopular que deja como saldo miles de muertos, mientras que las desigualdades sociales van en aumento, al igual que el desempleo y la pobreza. Estévez realiza esa denuncia a través del espíritu de un gran estadista, como ya lo fuera su hermano (casualmente, también asesinado), o Marthin Luther King, Robert Kenndy representaba la esperanza de un mundo mejor, dejando a un lado guerras fútiles y absurdas, y preocupándose por el bienestar del pueblo. Unos personajes bien construidos, un sólido guión lleno de intensidad y unas interpretaciones fabulosas hacen de Bobby uno de los films que cualquier espectador inquieto no debe perderse. Y si no, como muestra ahí queda la escena final de la película.
Lo mejor: La escena final.
Lo peor: Alguna de las historias no está a la altura del resto.
