Conociendo al integrista católico de Gibson yo apostaría que no eligió la america precolombina al azar. El mensaje que ha querido colarnos es, lo sospecho: un mundo sin dios es inhabitable.

★★★☆☆ Buena

Apocalypto

Mel Gibson lleva a rajatabla uno de los primeros principios del buen guión: al heroe hay que maltratarlo. De Gibson deberían aprender otros como los “Harry Potter” o la serie Bond, con la excepción del último “Casino Royale”. Lo que el abc del buen guión no pide es llevar el sufrimiento hasta semejante desmelene. Eso ya es un deje, un mal hábito que cada cual le aguanta mejor o peor al australiano.

Cuando uno ve una película de Tarzan, le chirría a primera vista los escenarios de cartón piedra, los elefantes de zoo, las plantas de plástico y los estanques que querían imitar ríos africanos. El espectador de los treinta se conformaba con esa dosis de parecido; el espectador de hoy pide más, pero ni uno ni otro reclama la realidad. El cine abastece gustos y añade algún detalle realista cuando nota la demanda. Pienso que Gibson procede de otro modo. Trata de aproximarse al mundo de Jesús, o al de los antiguos aztecas quitando de en medio los hábitos del cine, dejando sola la que él cree que pudo ser la realidad. Por eso no dobla las películas, o por eso la ciudad azteca no parece una ciudad, y el camino no parece un camino. Gibson intenta, a primera vista, no darle facilidades al espectador.

Pero sólo lo intenta en la primera mitad. Cuando habla de la impotencia dentro del clan que es vivida como algo colectivo, de la narración frente a la hoguera, de la lucha entre los guerreros y los nativos, del viaje, los ojos de la gente que miran a los prisioneros, de la crueldad de los sacrificios.

La segunda mitad prescinde del contraste cultural y nos mete de lleno en una narración de siempre. La huida está llena de pruebas que hablan poco de otra época, y mucho de los lugares comunes del cine de aventuras. Supongo que los productores estaban dispuestos a arriesgar sólo hasta cierto límite. O bien hasta cierto momento del metraje.

Conociendo al integrista católico de Gibson yo apostaría que no eligió la america precolombina al azar. El mensaje que ha querido colarnos es, lo sospecho: un mundo sin dios es inhabitable. Y como esta es mi página y todavía no tengo censura, me tomo la libertad de responderle. No creo que los aztecas carecieran de la humanidad o de la compasión de los cristianos. Ellos tenían sus sacrificios humanos para deshacerse de sus excedentes de población, y nosotros, los europeos, teníamos nuestras guerras y nuestras cruzadas para acabar haciendo, con hipocresía eso sí, lo mismo.
publicado por Jose Contreras el 21 enero, 2007

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