Es una película para sonreir y para deleitarnos con un personaje lleno de vida que corre hacia su sueño.

★★★★★ Excelente

Burt Munro: un sueño, una leyenda

De vez en cuando hay películas que pasan desapercibidas con tanto blockbuster veraniego. Entre misiones imposibles y códigos cansinos, entre mutantes y superhombres, hay lugar para películas pequeñitas y deliciosas como en su momento fue Un franco 14 pesetas.

Es el caso también de Burt Munro: un sueño, una leyenda, una traducción medianamente correcta pero menos apasionada que su título original: The world´s fastest Indian. El film, dirigido por un Roger Donaldson en plan “indie”, como en su momento quiso serlo Philip Noyce, se convierte en una delicia nostálgica, otoñal pero llena de energía con un monstruo de la interpretación como es Anthony Hopkins.

Como en muchos productos que dependen de un protagonista total y absoluto, se corre el riesgo de caer en el regodeo y el exceso de protagonismo, valga la redundancia. Un caso no demasiado grave fue la magnífica Cast away (Náufrago), con un Tom Hanks colosal pero con la estupenda excusa de estar en una isla desierta. ¿Quién le podría hacer de antagonista? 🙂

El sueño de Burt Munro es muy sencillo: quiere correr con su Indian de 1920 en Bonnieville, USA, un paraíso para todos aquellos que quieren batir récords de velocidad. No olvidemos que estamos en los 60 y que el protagonista vive en Nueva Zelanda. Lo único que tiene claro Burt es que quiere correr y hará lo necesario para llegar a la carrera. Pero lo que tiene más claro aún es que debe vivir su vida y sus pasiones. La película se convierte en un viaje plagado de personajes de lo más variopinto y situaciones cómicas, emotivas e incluso delirantes. Tan atractivo es el viaje que el objetivo del film pasa a un segundo plano y lo que sentimos muchos es una verdadera envidia de la vitalidad que le imprime Hopkins a Burt mediante su poderío interpretativo.

Es una película para sonreir y para deleitarnos con un personaje lleno de vida que corre hacia su sueño. Una gran lección de cine alegre sin ñoñerías. Una gran lección vital en la que podemos cambiar la variable de las motos por cualquier otra que llene nuestras vidas.
Lo mejor: Hopkins y un guión amable, emotivo y redondo.
Lo peor: No quieres que se acabe.
publicado por Israel 'Yojimbo' Nava el 22 enero, 2007

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