Una historia de amor tardía, accidental y prohibida. Mejor dicho, autoprohibida, que puede ser la mayor dificultad a la que te puedes encontrar.

★★☆☆☆ Mediocre

Deseando amar

Me habían dicho que si no consideraba Brokeback Mountain una historia de amor, no me gustaría Deseando amar. Antes de esta sentencia categórica y agorera, alguien con quien coincido (sorprendentemente) en gustos cinematográficos, me recomendó esta película fervientemente. Ya tenía en mente ver alguna del tan venerado Wong Kar Wai, pero su entusiasmo (y porque me suelo fiar de su opinión) consiguió que le diera cierta preferencia.

Pues ni para uno ni para otro.

Deseando amar es un juego del director. En un principio, la precisión de la puesta en escena, la presentación de personajes y las bases sobre las que va a hacer girar la historia son puestas sobre la mesa de forma ejemplar, pero hasta el minuto 28 la película es confusa y da muchas vueltas sin dar pistas. A partir de una cena, el film se vuelve sutil y de gran emoción: jugar a amar, reconstruir un amor, interpretar secuencias de una relación de la que no se avisó y en la que hubo dos víctimas que se han unido. Ambos viven un amor provocado por una infidelidad. Pero tienen en mente no ser como los adúlteros que les han unido. Eso será un problema. Tan grande como el amor que se profesan.

Puedo entender que esta película sea de esos films que odies o adores. Y de los que convierten a un director en uno de culto o un autor en toda regla. Yo me quedo en el medio y no pretendo ensalzar ni hundir ni a la película ni al director con permiso de ambas recomendaciones (a las que les encantó el film). No me gustaron nada los tics del director, metiendo fundidos a negro cada dos por tres, realizando barridos en una secuencia íntima, metiendo momentos musicales algunas veces sin sentido y que recordaban a momentos “El Corte Inglés”… Tics de estilo que me despegaron mucho de lo que narraba.

¿A su favor? Es una historia de amor tardía, accidental y prohibida. Mejor dicho, autoprohibida, que puede ser la mayor dificultad a la que te puedes encontrar.

Si me tengo que quedar con algo del film es la frase del personaje femenino: “Prestando atención te das cuenta de las cosas.” Por eso algunos no notamos muchas, aunque llevemos gafas.
Lo mejor: La música y algunos momentos entre los dos protagonistas.
Lo peor: Los tics visuales artificiosos del director, contraproducentes para la historia. Y que algunos crean, como me soltaron ante la apreciación de que en La vida secreta de las palabras había planos desenfocados, que tal vez fuera un homenaje a Kar Wai. Es lo malo del postmodernismo: todo vale, todo se patenta y todo se firma.
publicado por Israel 'Yojimbo' Nava el 22 enero, 2007

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