El señor Browning nos da a entender que muchas veces los verdaderos monstruos no son esos freaks, sino los ¿normales?.

★★★★★ Excelente

Freaks

Para ponerme al día con clásicos este fin de semana me lancé a por Freaks, de Tod Browning.
Algo que anima a verla es su duración, apenas llega a la hora.

La historia es sencilla pero está relatada con gran maestría y sencillez (tal vez las dos cosas vayan juntas). La edición en dvd contiene una introducción especial del director en el que pone en conocimiento del espectador la naturaleza del término freak y de su mundo como un colectivo que se apoya mutuamente y que se siente ofendido en su conjunto cuando uno es despreciado.

Precisamente sobre eso versa la historia: en un circo repleto de atracciones, en especial llaman la atención los que se denominan freaks o aquellos que tiene deformidades físicas poco habituales.

La historia se centra en Hans y Frieda, una pareja de enanos que se comprometen para casarse, pero se cruza en medio la belleza de Cleopatra, una bella trapecista que enloquece a Hans y le convierte en una marioneta. Todo desemboca en una historia cruel de manipulación, desprecio y venganza.

Lo mejor del film, y tal vez lo más apabullante, es el desfile de personas mutiladas y deformes. Pero lo más impresionante es que sean capaces de integrarse de forma magistral en un argumento de ficción como éste.

Es inevitable comparar los denominados “freaks” de aquella época con los actuales. Hoy por hoy los personajes presentados en la película serían minusválidos o disminuidos psíquicos o físicos y sería de muy mal gusto hacer de ellos un reclamo comercial. Hoy ya somos más sofisticados y los “freaks” de hoy son los que más tonterías hacen, bien sea porque son como Forrest Gump o quieren serlo; existen (o existían) tribunas públicas como El Semáforo o Crónicas Marcianas que se suponía que daban a conocer, en un pretendido ambiente de igualdad, a toda esa gente rara con problemas mentales o ganas de triunfar a base de cualquier barbaridad. Pero nada más lejos de la realidad, ya que eran circos no confesos para el escarnio y la burla pública. Incluso “freak” es utilizado como elemento distintivo y con orgullo para aquellos que quieren distinguirse del resto de los mortales en costumbres, hábitos, aficiones o supuestos conocimientos y experiencias.

Tal vez, y si no fuera una conclusión demasiado fácil, el señor Browning nos da a entender que muchas veces los verdaderos monstruos no son esos freaks, sino los ¿normales?.
publicado por Israel 'Yojimbo' Nava el 22 enero, 2007

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