Y aquí viene la trampa de Gibson, como todo buen engañabobos: si no tienes la imaginación y el talento creador como para exprimir la historia neotestamentaria de una forma genuina, la mejor opción (la más fácil) para poder hacerse el interesante y qu

★★☆☆☆ Mediocre

La pasión de Cristo

Hay películas que parecen buenas películas y en realidad son malas o no tan buenas como pretenden. Recuerdo que cuando vi este film por primera vez pensé que era una muy mala película, absolutamente bochornosa. Ahora, tras una concienzuda revisión, puedo decir que no es tan mala como parecía, y que es un perfecto ejemplo de lo fácil que puede llegar a ser engañar y manipular al espectador.

Es indiscutible que “La Pasión de Cristo” tiene varios puntos a favor: una soberbia y enérgica puesta en escena, buena fotografía, buen sentido del ritmo y algunos momentos dotados de inspiración dramática, sin excesivas cursilerías. Resulta memorable esa cámara subjetiva puesta en el altar y los ojos del dios que derrama su primera lágrima por la muerte de su hijo encarnado (excelente muestra de lirismo) o la escalofriante muerte del traidor Judas, a cuyos pies vemos el cadáver putrefacto de un asno, precedida por una serie de visiones perturbadoras que le dan a la película un aire de pesadilla onírica. Algunos críticos apelan a este tipo de trucos efectistas para soltar la burrada de que Mel Gibson ofrece “una visión personal” del texto neotestamentario. Vade retro, Satanás¡

Empecemos por ahí. La película que nos ocupa es -y pretende ser- una representación visual del contenido exacto y fundamental escrito en el nuevo testamento referente a las últimas horas de la vida de uno de los mitos más trascendentes de la historia de las religiones: Jesucristo. Por tanto, el material del que parte es sobradamente conocido por todos y el personaje central tiene un rol y unas características que han sido asumidas por cada individuo inserido en la cultura occidental, ya sea creyente o ateo. En base a esto, y teniendo en cuenta que el cine no sólo es representación visual sino formas del contenido y del punto de vista de la cámara, hago notar que esta película es absolutamente plana, vacía, poco valiente.

Porque fijémonos en lo que hace Gibson: en ningún momento representa la tragedia de cristo ofreciendo su punto de vista personal, simplemente coloca la cámara de forma que nos enseña el cuadro típico de Jesús de Nazaret soltando sus prédicas, o del grupo de sacerdotes del sanedrín mostrando la mala leche y la mala baba que tienen, o lo supermalos que son los romanos o el bienintencionado gesto final de Pilatos y que ya hemos visto a lo largo de la historia del cine en reiteradas ocasiones. Por tanto, el lenguaje visual cinematográfico de Gibson es absolutamente convencional y no explota ni siquiera una mínima parte de la enorme cantidad de sugerencias que puede llegar a inspirar un personaje como Jesús, desde distintos puntos de vista: como arquetipo de espiritualidad o heroísmo, como modelo de rebeldía, etc. No existe un solo plano o encuadre que nos diga nada especial y que demuestre que tras la cámara hay un cineasta creativo, valiente y hasta genial, según dicen algunos incautos. En cine, la recreación personal de la historia representada se hace usando el punto de vista de la cámara, entre otras cosas. Mel Gibson no va más allá de ser un mero ilustrador del texto sagrado. Así pues, ¿dónde está el mérito?.

Y aquí viene la trampa de Gibson, como todo buen engañabobos: si no tienes la imaginación y el talento creador como para exprimir la historia neotestamentaria de una forma genuina, la mejor opción (la más fácil) para poder hacerse el interesante y quedar bien, es recurrir al morbo y a la manipulación emocional del espectador: haces un montaje paralelo enseñando el careto de un tío hablando de amor y fraternidad universal para ver cómo ese mismo personaje es víctima de una violencia atroz, mostrada sin tapujos, con sufrimiento en una carne viva desgarrada y escandalosos chorros de sangre salpicando a la cámara. Para adornar un poco más la cosa, se recurre otra vez a la cámara subjetiva mientras el pobre Jesús pierde las fuerzas y el equilibrio al no poder sujetar la cruz…para que el espectador sienta el dolor de cristo y se ponga en sus carnes.

Seamos francos; lo que hizo Gibson es una versión “heavy” del martirio de cristo, un morboso espectáculo, recreado con mucho sentido del efectismo, pero aquí los valores intelectuales o artísticos brillan por su ausencia. Y, en cierto modo, es una lamentable manipulación emocional del espectador, utilizando a una de las figuras religiosas que más significaciones espirituales y pasiones irracionales genera en nuestra sociedad.

“La pasión de cristo” es una película efectista, sin más. Artísticamente hablando es un trabajo vago y vacuo, Gibson ha ido a lo fácil. Ésta es una película clamorosamente pretenciosa, fruto de una mente cuadriculada como la de Mel Gibson, cineasta contra el que no tengo nada, pero de todos es conocido la chabacanería y la vulgaridad de sus diferentes declaraciones o actos públicos. Aquí pretende ofrecer una obra de arte con motivos religiosos y humanistas, pero, sinceramente, no está dotado para esos ámbitos. Poner a un Satanás tísico, con capucha negra y sosteniendo a un bebé con cara de hombre que vigila la agonía de cristo no es ofrecer una visión personal (valga decir que ese grito-aullido satánico final tras la agonía y muerte de Jesús en la cruz es de lo más hortera que he visto en cine, ridículo hasta dar arcadas), sino recurrir a elementos perturbadores copiados de otros autores (o de la rica escatología católica) que los hicieron suyos, como por ejemplo Ingmar Bergman. Es la diferencia entre la apropiación legítima y genuina de elementos y trucos que otros han utilizado y el batiburrillo impersonal y torpe en el que cae Gibson. La utilización por parte de Gibson de ciertos elementos oníricos no es genuina, sino que apesta a pretenciosidad, algo muy difícil de demostrar objetivamente, pero al menos así es para quien esto escribe. No pongo en duda ni niego la capacidad de Gibson para estimular la sensibilidad de algunos espectadores, pero vamos, ni punto de comparación con Bergman o David Lynch.

En suma, y teniendo en cuenta la subjetividad y las diversas sensibilidades, diré que no es una mala película, es una interesante – llamativa a ráfagas – representación de la pasión y muerte de cristo, ideal para ponerla en clase de religión o para católicos con ganas de afirmar su fe acompañándola con buenas dosis de morbo. Pero esto no es una buena película, porque pretende mucho más de lo que es.
publicado por José A. Peig el 22 enero, 2007

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