Las cosas no debieron ser como cuenta Mel Gibson en su fantástica e impresionante película. Hay inconsistencias históricas, temporales, culturales y geográficas. Pero, personalmente, me da igual, que yo no voy al cine a recibir lecciones de historia.

★★★★☆ Muy Buena

Apocalypto

Es cierto. Las cosas no debieron ser como cuenta Mel Gibson en su fantástica e impresionante película. Hay inconsistencias históricas, temporales, culturales y geográficas. Pero, personalmente, me da igual, que yo no voy al cine a recibir lecciones de historia. Para eso están las revistas especializadas, los suplementos dominicales de los periódicos y, mejor aún, ¡los profesores!, que en el cine tienen una inmejorable herramienta con que sustentar, completar e ilustrar sus clases teóricas.

A mí, cuando voy al cine, lo que me gusta es meterme de lleno en la historia y que ésta me enganche, me emocione y me haga pasar un buen rato, embebido en lo que me cuentan desde la pantalla. Y “Apocalypto”, desde luego, lo cumple sobradamente desde el primer hasta el último fotograma.

La capacidad visual de Mel Gibson es portentosa. El tipo lleva el cine metido en vena, tal es su capacidad de transmitir sensaciones a través de sus películas. Y como ha encontrado un filón en eso de hablar de culturas perdidas, movimientos levantiscos reprimidos a sangre y fuego, heroicidades personales y amor por la familia, idiomas perdidos y olvidados… pues lo está explotando a base de bien. Y lo está haciendo magníficamente.

Ritmo. Ésa sería la expresión que mejor definiría a este “Apocalypto”, cuya historia se desarrolla en un espectro temporal tan concentrado, apenas un par de días, que te deja sin aliento. Es como aquel “El último mohicano”, con el que la película de Gibson tiene multitud de paralelismos, que terminabas exhausto viendo todo lo que corrían Daniel Day Lewis & Co. En “Apocalypto”, los personajes corren y saltan todo el tiempo, una moda que, a la vista del arranque del último 007, parece que marcará tendencia en los próximos meses.

Más referencias cinematográficas en este “Apocalypto”: Tarzán y los porteadores africanos que caían por los precipicios y, por supuesto, “El planeta de los simios” original. Y “Mad Max”, claro, con su mensaje apocalíptico, nunca mejor dicho. Asistimos a un brutal choque de culturas en que el buen salvaje se enfrenta a unos temibles guerreros, perfecta alegoría de lo que está pasando hoy en día en tantos conflictos bélicos que sería ocioso desgranar. Y asistimos a una recreación hiperrealista de lo que pudieron ser las grandes urbes mayas (¿o aztecas?), con sus pirámides y sus sangrientos rituales, desmembramientos y decapitaciones incluidas.

Todo ello, insisto, contado con un ritmo y a una velocidad de vértigo. Me gustaron los actores, protagonistas y secundarios. Me gustó la puesta en escena, los trajes, los tocados de plumas y los abalorios. Me gustó cómo se resuelven los duelos. Me encantó la fuga, jaguar incluido. Me impactó el primer encuentro premonitorio, en el bosque y disfruté con la cacería, con las risas, con los cuentos y con la noche en la aldea.

Vamos, que me gustó todo, de principio a fin. Entiendo que los excesos de violencia puedan empachar a los paladares más sensibles, pero, por desgracia, la historia de la humanidad está teñida de sangre. Los especialistas en Mesoamérica se han cabreado y critican una cierta falta de rigor histórico. Las asociaciones indígenas están mosqueadas porque la visión de los nativos es negativa. Sin embargo, los cinéfilos estamos de enhorabuena porque “Apocalypto” es, sencillamente, un peliculón.
publicado por Jesus Lens el 23 enero, 2007

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