Nos encontramos frente a una desvergonzada y entretenida película que, sin embargo, está hecha con bastante mal gusto escénico y con unos recursos técnicos y narrativos inexistentes.

★★☆☆☆ Mediocre

Borat

Por fin he visto Borat, la película que hará posible que no se me tache de extremista criticando, pues voy a destacar tanto lo malo como lo bueno, ya que Borat ofrece una de cal (o dos…) y otra de arena (¿o era la arena la mala? es igual…).

Por un lado, me ha encantado la manera de la que se ha representado a la sociedad americana: extremista, fanática, hipócrita, insensible… siendo, precisamente, una prostituta la única americana del filme a quien se le confieren valores humanos. Los personajes yankees con los que se encuentra Borat procuran, en la mayoría de los casos, guardar la compostura ante sus inverosímiles y extravagantes comentarios y/o costumbres, pero siempre acaban despreciando al kazajo resguardados bajo una máscara de falsa cortesía; porque, quizá, en el país de la tolerancia y la libertad no se es tan transigente como se cree.

Borat provoca no pocos episodios graciosos y delirantes que, sin embargo, no terminan de convencer a un espectador que ve como dichas escenas cómicas son forzadamente enlazadas en una historia que parecería estar hecha por partes independientes (a lo “cortar y pegar”) si no fuera porque continuamente se hace referencia al hecho que unifica la película, el hecho que, aunque no es más que una excusa para precisamente dar unidad al filme, motiva la consecución de las diferentes escenas: la búsqueda de Pamela Anderson, de la que Borat se enamora mientras realiza el reportaje acerca del modo de vida americano.

Bien, ahí se acaba lo bueno, pues el ámbito de la fotografía, la planificación y demás aspectos técnicos es, sinceramente, patético. Un insistente e hiriente zoom es usado sin mesura escena tras escena, escena tras escena, causándonos no sólo dolor ocular, sino también haciéndonos preguntarnos en qué demonios se ha invertido el dinero destinado a esta película; en alquiler de grúas o instalación de raíles no será, desde luego.

Cuán grande ha sido mi sorpresa al leer esta mañana que se han invertido ocho años (¡ocho!) en elaborar el guión, el cual califican sus autores como “aparentemente improvisado”. ¡Eso no hay quien se lo crea! ¡Eso se ha escrito en una tarde o dos a lo sumo! Podrían hablarme de la crítica socio-política, del ámbito interpretativo… pero que no me vengan con que ese guión ha estado gestándose durante ocho años, que si los chistes se hicieran a ese ritmo, el programa de Buenafuente tendría que ser anual. Encima, como ya sabéis, está nominado a los Oscar.

En resumidas cuentas, nos encontramos frente a una desvergonzada y entretenida película que, sin embargo, está hecha con bastante mal gusto escénico y con unos recursos técnicos y narrativos inexistentes.
publicado por el 26 enero, 2007

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