Como el viejo Balboa a los clientes de su restaurante, Stallone se pone cansino en esa primera hora repleta de diálogos crepusculares, lugares comunes y ñoñería barata, pero es un peaje que hay que abonar para que los sentimientos se desborden en su emocionante segunda mitad. Y es que es sonar el “Gonna fly now” y llenársete los ojos de lágrimas, leñe. Que los clichés abundan, pues sí. Que algunos secundarios dan lástima, pues también. Que todo desprende cierto tufillo a telefilme ochentero, por supuesto. Pero Stallone queda muy digno como protagonista y muy inteligente como director. Recupera ese viejo cine para todas las edades, trufado de buenos consejos y mejores sentimientos, y consigue el aplauso del público en ese imposible combate final donde, por no faltar, no faltan ni los logos del PayPerView y la HBO. Todo el guión es demencial, ya lo sabemos, pero la peli insospechadamente funciona y es de tan fácil digestión que nadie sale enfadado. Niños, creed en las hadas y no fuméis crack, os lo dice vuestro querido tío Rocky.
Lo mejor: Que se gana tu corazón con sus infantiloides mensajes.
Lo peor: Esa primera media hora que parece durar siglos.
