La película se beneficia del estado de gracia del reparto, pero también de la implacable evidencia de que los sentimientos y las confesiones que afloran en esa reunión en casa de Peter ( y su luctuosa conclusión inaplazable ) son asequibles a cualquier corazón sensible, íntimamente trenzados a su propia experiencia vital.
No precisa Los amigos de Peter la maquinaria abigarrada de otros filmes de Brannagh, tan amigo del bizarro verbo shakesperiano y de las complejas estructuras narrativas como En lo más crudo del crudo invierno o el Frankestein de Mary Shelley. Al modo en que Love boat, aquí Vacaciones en el mar, abría su andanada frivolona de amores de crucero caribeño, de pequeñas orgías del azar, el film de Brannagh descubre también un muestrario apetecible, predecible, es cierto, pero sincero, de arquetipos, que van configurando la concatenación de revelaciones, confesiones y decepciones que lastran a Peter a confesar, al final, lo que verdaderamente atenaza su corazón y todos saben / todos sabemos a qué viene la función.
Brannagh renuncia a su querencia al texto vitaminado de epítetos y rimbombancias para ofrecer un entretenimiento dignísimo que, en ocasiones, bien pudiera confundirse ( y eso es una loa ) con un episodio suelto de la BBC para televisión, pero que vemos con agrado, plácidamente conmovidos por la riqueza de unos personajes desafectados y cuerdos, sinceros, agarrados a la vida, lúcidos y cercanos.
Lo mejor: Peter, personaje entrañable, íntimo, que no se olvida con facilidad....
Lo peor: Cierta dejadez en las formas. Brannagh no ha querido ir más lejos. No ha querido ser ambicioso por temor a estropear un material tan sencillo y modesto.
